El partido se dio de la manera en la que se esperaba: con un equipo europeo proponiendo y la Albirroja defendiendo. Nada nuevo.
Tan bueno fue el esquema defensivo que no apareció ninguna de las estrellas que supuestamente iban a brillar. En contrapartida, así como pasó contra Alemania, eran casi nulas las oportunidades de gol que se le presentaban a nuestra selección.
El primer tiempo fue muy trabado y el 0 a 0 con el que terminó demostró lo parejo que era todo en cuanto a fuerzas, entre ataque y defensa.
En el complemento, solo un accidente pudo desnivelar La balanza.
Diego Gómez, en su afán de dar una mano con el sector defensivo, se metió al área y, al pasarse de largo, intentó bloquear el camino a Doue, pero lo tocó mínimamente para que el VAR avise de una falta penal.
Desde los 12 pasos, Mbappe, quien mostró una actitud indigna de sus raíces, tiró a la misma esquina en la que suele tirar cuando las papas queman. Gill fue a la otra esquina y el 1-0 parecía muy lejano para sostener el sueño.
Gustavo Alfaro decidió mover la banca sin arriesgar mucho y los mandó a Ávalos, que no era para este partido, y a Mauricio, por un extenuado Almirón.
El “rapai” intentó darle orden al ataque atendiendo a que Caballero nuevamente parecían entender cuál era su labor.
Los minutos que quedaban se fueron consumiendo sin que Paraguay pudiese marcar una diferencia aunque tuvo algunas situaciones en que lo acercaron al arco rival.
El árbitro dio 10 minutos de alargue y aún así no encontramos la forma de superar a Maignan, el arquero francés.
Llegó la hora de la despedida, las mismas que en Francia, Corea-Japón y Sudáfrica. Con la frente en alto. Dejando el alma en la cancha, como marca la raza guaraní.

