Desde muy pequeño, Nelson Daválos aprendió el oficio de trabajar la madera junto a su padre en el taller familiar. Después de años de esfuerzo y aprendizaje, decidió emprender su propio camino. Hoy, a sus 35 años, tiene su propio negocio, donde continúa con la tradición acompañado por sus sobrinos, quienes ya comienzan a dar sus primeros pasos en el oficio.
Con solo observar un tronco, asegura que ya puede imaginar el mueble que saldrá de él. Todo empezó gracias al ejemplo que recibió en su hogar.
“Mi papá empezó a fabricar muebles y, cuando llegábamos de la escuela, le ayudábamos. Así empezamos a aprender. Hacemos todo tipo de muebles y, siempre que se va a abrir un nuevo loteamiento, ya nos llaman. Con solo mirar los árboles, ya sabemos qué fabricar con ellos”, contó a Crónica.
Con el paso de los años, el trabajo artesanal fue conquistando cada vez más clientes. “Lo que más hacemos son hamacas, quinchos movibles y mesas. Gracias a Dios tenemos muy buena aceptación y los fines de semana son los días en que más clientes recibimos. Muchos llegan a preguntar y a pedir presupuestos, pero todas las semanas, sí o sí, tenemos ventas”, comentó.

Para Nelson, la carpintería no solo es un trabajo, sino la herencia que cambió su vida.“De este trabajo viví toda mi vida. Primero, cuando mi papá hacía los muebles y nos mantenía con este oficio. Hoy soy yo quien mantiene a mi familia gracias a este arte. Todo el trabajo lo hacemos de forma manual, no usamos máquinas industriales”, explicó.
Los quinchos rústicos son los productos más buscados por sus clientes. “Los quinchos rústicos son los más solicitados. La madera que usamos es el tatarẽ; es una madera muy linda de la que se pueden hacer muchas cosas. Los precios dependen del tamaño y del modelo de los muebles. Estamos ubicados sobre la ruta PY02, kilómetro 45, en Ypacaraí, al costado mismo de la ruta”, señaló.

