Un joven que pasa por una dura etapa de recuperación de la adicción abrió su corazón y contó su testimonio de cómo la maldita droga hizo que cayera en lo más bajo y perdiera casi todo lo que ama en su vida, como su familia, su trabajo, y muchas cosas más. Se trata de Elizardo Solís, quien hoy en día tiene 27 años y es oriundo de Concepción.
El mismo conversó con Crónica y dijo que “yo empecé con esto a los 20 años, tuve una mala yunta y me hicieron probar la cocaína que es muy adictiva. Uno siempre a esa edad busca probar de todo, quiere conocer y yo por eso entré a ese mundo. Es tan adictiva que te hace alucinar en que te sentís bien física y mentalmente y cada vez querés más y más”.
Comentó que un conocido fue el “que me hizo probar. Primera vez en mi vida había probado el polvo blanco y te ataca directamente el sistema nervioso central. El efecto de la droga dura casi 2 horas y después de eso te sentís bajoneado y vacío, no podés llenar con cualquier cosa. Lo único con lo que podés llenar es con más cocaína”.
El joven explicó que “primero empezó con unas pequeñas dosis y después ya fue aumentando cada día más. Había días que le metía casi 5 gramos de cocaína en medio día. A consecuencia de esto perdí mi trabajo y la confianza de mi familia. Varias veces me echaron de la casa por mi adicción. Pero gracias a Dios y a mi mamá no tuve que robar para conseguir mi droga”.
Manifestó que “cuando eso trabajaba bien y yo conseguía por mis medios para mi droga, no tuve que perjudicar a nadie para eso. Por la droga yo llegué a perder G. 150 millones en 7 años de consumo”.
Para su suerte, su mamá nunca la abandonó. Contó que “fue mi pilar en mi recuperación. Ella me mandó a un centro de rehabilitación en Villarrica, se llama Refugio de Dos Corazones de Jesús y María”.
Subrayó que “esto es una lucha constante, yo había estado mucho tiempo en rehabilitación y el primer día que volví a mi casa, consumí de vuelta la cocaína. Pero después de eso ya dejé de hacerlo. Todo es por fuerza de voluntad, si uno quiere puede salir de este mundo. No hay que temer… pidan ayuda. ¡Sálvense! El primer paso es reconocer que uno es adicto”.
Por último sentenció “que uno nunca deja de ser adicto, porque la tentación siempre está. Yo quiero que eso no se quede solo acá conmigo, que salga a la luz y si es que hay más gente joven que se siente identificado con mi historia que lo tome como ejemplo. Yo admito que nunca dejaré de ser adicto, pero en proceso de recuperación. Un adicto sano, que no perjudique a nadie”.

Infancia de su hija lo perdió por la droga
El joven Elizardo manifestó que también lamenta mucho que “me perdí la infancia de mi hija, justo cuando empecé con las drogas tuve a mi hija y me perdí toda su infancia. Ella tiene 6 años ahora y casi perdí la potestad para criarla a causa de las drogas. Todavía me dejan verla a veces pero es muy difícil todo. Muchas cosas uno pierde cuando entra en este mundo. Por eso llegué hasta este punto límite de contar mi historia y que vean las consecuencias de lo que esto acarrea”.

