Lo que parecía una sencilla misión para recuperar el trabajo de ciencias de su hijo terminó convirtiéndose en una verdadera pesadilla. Óscar, de 56 años, oriundo de Caaguazú, se internó en un espeso bosque de la zona de Puerto Delicia, en Misiones, Argentina, y terminó perdido durante cinco días, rodeado de animales salvajes, sin agua y con apenas unas galletitas para sobrevivir. Cuando ya sentía que sus fuerzas se apagaban, un pequeño colibrí apareció frente a él y, según cuenta, lo llevó hasta un charco que terminó salvándole la vida. “El lugar estaba infestado de todo tipo de animales. Cuando caminaba me topé con un felino y, al escapar, fue que me perdí. Mi planificación de 800 metros se convirtió en 7 kilómetros dentro de la selva, corriendo para salvar mi vida. Desde el martes al domingo fueron un día a la vez, tratando de esquivar todo tipo de animales que uno solo ve en películas, vi muchas cosas”, contó. Pero los animales no fueron su único peligro. “Las víboras las vi de todos los colores y de tamaños colosales. Estuve con mucha precaución, ya que una simple raspadita de uno de ellos, no iba a estar contando la historia. Me cuidé mucho. Al ver un árbol caído en el suelo, ahí mínimo había siete serpientes gigantes. Llegué a ver una pitón de unos 7 metros o más”, relató.
En medio del miedo, tuvo que buscar refugio donde podía. Una de esas veces terminó trepado a un árbol durante horas para evitar al felino que lo perseguía.“Luego de correr del felino me subí a la copa de un árbol y allí estuve 6 horas hasta que el felino se fuera a otro lado. Las serpientes no atacaban con facilidad, ya que al bajarme pasé por el medio de dos serpientes. Mi ángel estaba conmigo en todo momento”, recordó.
Sin agua y con las fuerzas al límite
“Solo llevé un paquete de galletitas y dos litros de agua. El agua el primer día ya tomé todo y estuve 4 días sin tomar agua y las galletitas comía una o dos. Después ya no las podía tragar porque ya no producía saliva. En los días siguientes mi orina ya parecía café. Empecé a deteriorarme porque no consumía agua, no había”, relató.La situación se volvió cada vez más desesperante. Dormía como podía, muchas veces en las copas de los árboles, tratando de mantenerse alejado de los animales.“Dormía en la copa de los árboles. Desde el cuarto día ya me dormí en el suelo porque ya no podía subir a los árboles, ya no podía caminar. Fue lo más difícil que pasé en mi vida, pasé cosas impresionantes”, dijo.

Una oración y un pequeño colibrí
Cuando ya sentía que no podía más, Óscar decidió entregarse a su fe. Sin saber si alguien estaba buscándolo, pidió solamente una cosa: agua. “Para que me encuentren fue un milagro. No sabía que me estaban buscando. Me entregué a la Virgen y a Dios, le dije a la Virgen y al Señor que yo solo quería agua, que no me quería morir de sed. Estaba esperando ser sorprendido por una serpiente y morir así, pero de sed no quería morir”, contó.
Según su relato, ocurrió algo que jamás olvidará “cuando oré todo, un colibrí vino a bailar frente a mí. Le dije: ‘¿Eres tú, Virgencita?’, y empezó a menear y lo seguí. A los 40 metros más o menos se posó en un lugar, allí había un claro y encontré un charco de un metro y medio más o menos y se veía limpio. Saqué el recipiente que tenía y cargué en él el agua y fue el agua más rica que tomé en mi vida. Casi un litro tomé, esperé y volví a tomar. Allí lloré mucho y dije: ‘Ahora sí, ya me puedo morir’, el colibrí me salvó la vida”. Se quedó junto al charco y “recé tanto que escucharon mi oración. Dios existe, el Creador existe porque nos cuida y la ayuda llegó en el momento justo porque yo ya no daba más. Me quedé en el lugar cerca del charco de agua, preparé un montón de ramas secas e hice fuego para ver si alguien lo veía y poder ser rescatado”, recordó.
“Ahí está, está vivo”
De repente, escuchó algo que le devolvió la esperanza. “Empecé a avivar mi fuego, luego escuché como un machete. Ahí grité con lo que me quedaba de fuerzas. Ahí escuché que dijeron: ‘Ahí está, está vivo’. Ahí se me abrió el cielo. Ellos ya estaban a 300 metros de mí. ‘¡Gritá!’, me dijeron. ‘Miren el fuego’, les dije. ‘¿Qué fuego?’, respondieron. Me di cuenta de que esa idea no iba a funcionar y que nunca me iban a rescatar mirando el humo o algo así. Me di cuenta de que era Dios el que los estaba guiando hacia mí”, contó emocionado.
Finalmente, cuatro policías y dos civiles llegaron hasta él. Pero la historia todavía tenía un último giro inesperado: los propios rescatistas también se habían perdido. “Eran cuatro policías y dos civiles los que me encontraron. Cuando llegaron hasta mí, todos lloramos. Me dijeron que tenían una mala noticia: ‘Ahora los cinco estamos perdidos, no sabemos dónde estamos’, dijeron”.

Los hombres se habían separado del grupo de unas 30 personas que participaban de la búsqueda y terminaron encontrando justamente el lugar donde estaba Óscar. “Lo que me vino en mente en ese momento es que si venían mis dos hijos los iba a perder. Aprendí que nunca hay que entrar en un lugar desconocido. Ese lugar era místico, el colibrí me guio hasta el lugar donde me iban a encontrar y donde pude beber agua”, finalizó
Fue a buscar un aparato meteorológico y se perdió
“Mi hijo es investigador, quería ayudarlo a él y a unos jóvenes a recuperar su trabajo de ciencias y, mirando la tecnología, me adentré al bosque. Técnicamente era fácil, el artefacto había caído a 800 metros en el bosque y, como tengo conocimiento militar, me ofrecí a recuperar el trabajo. Lo que no sabía es que el lugar era inaccesible. Esos son los detalles que no te dice la tecnología”, empezó contando a Crónica don Óscar, de 56 años, quien estuvo perdido durante cinco días.
El problema comenzó cuando un temporal desvió la trayectoria del artefacto y lo llevó muchísimo más lejos de lo que imaginaban. “El aparato se había lanzado durante una feria de ciencias en Coronel Oviedo, vino un temporal y cayó 350 kilómetros más o menos de donde lanzamos”, relató.

