Desde hace cuatro años, “Demonio”, un firuláis rescatado, se ganó un lugar especial en la Comisaría 10.ª del barrio Inmaculada de Concepción. Llegó siendo apenas un cachorrito y creció rodeado de policías, hasta convertirse oficialmente —por cariño y costumbre— en un agente más de la dependencia.
El suboficial primero Ojeda contó a Crónica cómo nació el nombre del peludo: “Su mamá había sido abandonada y cuando nació lo llevé a la Comisaría. Como a todos los aspirantes, le pusimos como nombre Demonio. Elegimos ese nombre por mayoría; al principio le íbamos a poner Poli”, he’i

Desde entonces, el can se tomó muy en serio su trabajo y también su papel de mimado: “Él es el guardián de la comisaría y también el mimado. Siempre está alerta y hace el recorrido por la comisaría. Anteriormente le comprábamos Purina, pero ahora ya quiere comer lo mismo que nosotros, el puchero es lo que le gusta. Es muy mimado por las oficiales femeninas”, contó
Y de dormir cerca de los detenidos pasó a tener sus propios privilegios, “cuando era chiquito dormía con los detenidos en las celdas, pero ahora ya tiene su espacio propio. Hasta uniforme tiene, le mandamos hacer para que se luzca frente al presidente Santiago Peña y otras autoridades durante la inauguración de las mejoras que se hicieron en la comisaría”.

Demonio también acompañó a los agentes durante la mudanza por las refacciones y, según Ojeda, se portó como todo un profesional, “pero, como todo policía es cabezudo y aprovecha a full sus días de franco para farrear, ese es su único defecto, le gusta farrear”, dijo entre risas.

“Es el único en la comisaría que no pide aumento, no usa patrullera y cobra su sueldo en caricias, puchero y mimos”, finalizó el poli.

