Hay personas que parecen tener el día con más de 24 horas. Es el caso de Edgar Mendiola, de 41 años, suboficial inspector de la Policía Nacional, egresado de la promoción 2010, quien divide su tiempo entre el uniforme, los cumpleaños, la música y una que otra aventura para generar unos guaraníes extra.Su historia como payaso comenzó casi de casualidad cuando buscaba una alternativa para ganar un poco más de plata.
“En el 2015 busqué una alternativa de un negocio para generar más plata y empecé a indagar y encontré que los alquileres de globo loco se ganaba bien, un trabajo holgado donde se ganaba buena plata, después la gente ya empezó a pedirme payaso, ya que ese servicio se ofrecía en combos”.
Hasta ahí, todo iba viento en popa. Pero un buen día, el payaso contratado le dejó colgado y no apareció para un cumpleaños. Edgar tenía dos opciones: quedar mal con el cliente o ponerse él mismo manos a la obra.
“No tenía atuendo y me remangué los pantalones, me puse un kepis del revés, me pinté la cara y empecé a jugar con los chicos. Agarré el micrófono y empecé a animar. La única música que conocía era ‘Chuchua’. Hice el juego de las sillas y lo que veía que otros payasos hacían”.
La improvisación salió tan bien que el propio cliente quiso pagarle. “No le quise cobrar al cliente por el servicio de payaso, pero como insistió agarré el dinero y ahí se me prendió la lamparita. Agarré el dinero, mandé hacer mi vestuario e hice el de Ronald McDonald. Desde el 23 de junio de 2015 empecé como el payaso Don Pulga; pasa que no soy muy grande, por eso ese nombre”.
Don Pulga, terminó convirtiéndose en otra faceta de este policía que, cuando se saca el uniforme, se transforma en animador, payaso, mago y hasta maestro de ceremonias. Pero Edgar tiene algo muy claro: primero está la Policía. “Soy además maestro de ceremonias de la Policía, pero primero está servir y luego animar a los chicos. Somos policías ante que nada, después somos otras cosas. Mis clientes son mis camaradas, autoridades; a través de ellos consigo otros trabajos”.

La pandemia, sin embargo, le cambió el libreto. “Durante la pandemia dejé ese trabajo, ya que no se festejaban más cumpleaños. Abrí una lomitería, no me funcionó, vendía chipa en mi auto. No puedo quedarme quieto. Después de la pandemia volví a la música, una pasión que ya llevaba conmigo desde antes de ingresar a la Policía. “Antes de entrar a la Policía estaba en un grupo musical. Desde que egresé soy maestro de ceremonias dentro de la Policía, ese es un don. Nunca estudié oratoria ni nada de eso”.

Actualmente, además de sus funciones policiales, continúa trabajando con Don Pulga Producciones y es animador del grupo Talento de Barrio. Entre patrullajes, micrófonos, globos, música y cumpleaños, Edgar demuestra que cuando hay ganas de salir adelante no existen horarios ni una sola profesión que alcance. De día cuida a la ciudadanía, de tarde hace reír a los chicos y de noche le pone música a la vida.

