Cuando la mayoría ya está durmiendo, Rudy Fernández recién empieza su jornada. Desde hace 23 años, recorre en su moto las calles del barrio San Pablo de Asunción llevando sus famosos panchos a quienes todavía siguen despiertos. Su jornada arranca a las 18:00 y se extiende hasta el amanecer. Con el paso de los años se convirtió en una cara conocida para trabajadores nocturnos y clientes que ya saben a qué hora aparece el tradicional “Moto Pancho”.
Pero detrás de esa moto cargada de panchos hay una historia de mucho esfuerzo, tropiezos y ganas de salir adelante. Rudi empezó desde abajo, vendiendo en bicicleta, llegó a tener varios puntos de venta y luego decidió volver a las calles por su cuenta. “Empecé vendiendo pancho sobre una bicicleta en el Mercado de Abasto. Cuando inicié era la época dorada y rápidamente pude extender mi negocio. Compré cuatro bicicletas y contraté a gente para que se coloque en otros puntos, pero lastimosamente las cosas no salieron como esperaba, ya que nadie cuida su negocio como el propio dueño. Tuve que vender las bicicletas y seguí solo con el negocio”, empezó contando a Crónica Rudy.
Se animó y apostó por el “Moto Pancho”
Con ganas de buscar una nueva forma de trabajar, se le ocurrió una idea que en principio parecía bastante peligrosa. “Después se me antojó hacer moto pancho. Le comenté a unos amigos y me dijeron que era riesgoso, ya que debía usar gas y, junto con el tanque de combustible, era peligroso. Pero me animé y me funcionó muy bien. Tripliqué mi venta y dejé de lado mi bicicleta”.

Aquella apuesta terminó convirtiéndose en su forma de ganarse la vida. “De este trabajo mantengo a mi familia y me da la posibilidad de cuidar de mi madre, que es discapacitada. Manejo mi tiempo y a las 18:00 salgo de casa para hacer mis ventas. También hago delivery, porque mis clientes ya me llaman”.
Un amigo de todos en la madrugada
Durante más de dos décadas trabajando de noche, Rudy conoció prácticamente de todo. Asegura que tuvo la suerte de nunca sufrir un asalto y atribuye eso, en parte, a la relación que construyó con la gente de la calle. “Conozco todo tipo de gente: delincuentes, chespis, de todo. Pero yo no soy quien para juzgar ni despreciar a nadie y por eso seguramente me llevo bien con todos”, contó.
Rudy también fue testigo de cómo cambió la vida nocturna de Asunción a lo largo de estos 23 años. “Antes, cuando inicié mi trabajo en la noche, solo se veía por la calle a borrachos y travestis. Hoy en día, lo que más se ve son jóvenes que andan como zombis por la calle. Muchas veces intenté ayudar a gente metida en las drogas, pero lastimosamente el diablo fue más fuerte y no pudieron salir de ese mundo”, finalizó.

