Afirmó que esta actividad no debe ser satanizada ni condenada de manera apresurada, sino analizada a partir de lo que genera en quienes participan de esta tendencia juvenil. En las redes sociales, el concepto comenzó a usarse para describir acciones mediante las cuales los jóvenes buscan acumular reconocimiento o demostrar una mayor presencia frente a los demás.
Según el sacerdote, algunas de estas manifestaciones pueden resultar extrañas o exageradas para generaciones adultas, pero detrás de ellas también existe una necesidad humana de encontrarse, pertenecer a un grupo, expresarse y ser reconocido.
Benítez afirmó que reunirse, bailar, expresarse corporalmente, divertirse y compartir con otras personas no constituye una conducta negativa en sí misma, y manifestó que hasta una tendencia nacida en el ámbito digital puede convertirse en una oportunidad para que los jóvenes se encuentren físicamente, establezcan vínculos y compartan experiencias.

