Hay sueños que nacen mirando al cielo y que, con esfuerzo, terminan convirtiéndose en realidad. Ese fue el caso de Cynthia Orué, Capitán Piloto Aviador Militar, quien desde niña veía pasar los aviones sobre su casa en Mariano Roque Alonso y soñaba con algún día estar al mando de uno. Lo que entonces parecía imposible hoy es una realidad: a sus 34 años, se convirtió en la segunda mujer piloto de combate de Paraguay y en la primera paraguaya en pilotar un A-29 Super Tucano.
“Ingresé a la milicia en el año 2011, en la Academia Militar. En la Aviación entré en el año 2012, cuando era cadete de segundo curso. Nosotros ingresamos y, ya en el segundo año de formación, definimos hacia qué fuerza iremos, y elegí la Aviación”, contó a Crónica.

“Soy de Mariano Roque Alonso, pues es ahí cerquita de Luque. Entonces, prácticamente, nosotros veíamos los aviones pasar todo el tiempo. Desde niña tenía esa pasión por pilotar un avión. Uno veía, pero veía tan lejano eso. Pero el tiempo, la vida nos va llevando a ciertos caminos, vamos a decir, a lo que Dios escribió para nosotros”.
En 2012 tuvo su primera oportunidad de subir a una aeronave durante el cursillo, aunque todavía no estaba al mando. La primera que tocó fue un T-25, utilizado como entrenador básico. Pero su gran momento llegó en 2016, cuando realizó su primer vuelo sola en un T-35 Pillán.
“Para cualquier alumno de pilotaje, ya sea en el ámbito militar o civil, el vuelo solo es uno de los momentos más anhelados. Uno se prepara mucho, anhela ese momento y lucha para poder llegar a ese objetivo. Es el primer paso para todos los pilotos”.

Actualmente cuenta con unas 600 horas de vuelo y escribió su propio nombre en la historia de la aviación militar paraguaya.
“Paraguay ya tiene a la primera piloto de combate, que es la mayor Jennifer Pedroso. Ella se recibió en el Tucano. Y yo me recibí en el Super Tucano. Soy la segunda piloto de combate mujer, pero la primera en volar el A-29 Super Tucano”.
Su primer contacto con esta moderna aeronave fue, según cuenta, una experiencia inolvidable.“Mi primera experiencia en el Super Tucano fue magnífica, la verdad, porque ese salto tecnológico que daba en comparación con las otras aeronaves era muy amplio. Toda aeronave necesita de preparación, pero para todos nosotros eso fue algo nuevo. Que el año pasado hayamos recibido las primeras camadas fue un sueño cumplido, no solo mío, sino de todos los pilotos y del Paraguay inclusive”.Pero Cynthia no piensa quedarse ahí. Su gran meta está puesta en seguir creciendo y convertirse algún día en instructora de combate.

“El objetivo que me tracé es llegar hasta lo más alto que uno puede llegar en la aviación de combate, que es ser instructor de combate. Ese es mi gran anhelo. Entonces, planeo continuar formándome en esa aeronave y luego formar a los futuros pilotos”.
Para ella, enseñar también es parte de la misión. “Esa es una misión muy importante, el hecho de seguir instruyendo, seguir dejando un legado para los siguientes pilotos. Porque es así, la vida es así: va pasando día a día y lo que vamos dejando como enseñanza es lo que nos lleva a ser grandes el día de mañana”, finalizó.

