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Se animó a decorar su colegió y terminó construyendo una empresa

A veces, los sueños más grandes comienzan con las manos vacías, pero con el corazón lleno de esperanza. Así empezó el camino de Fabián Segovia, un jo…

| Por Ariamne Roa
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| Por Ariamne Roa
Fabian hizo su primera decoración en el colegio con tela prestada.

A veces, los sueños más grandes comienzan con las manos vacías, pero con el corazón lleno de esperanza. Así empezó el camino de Fabián Segovia, un joven de 19 años, oriundo de Hohenau, Itapúa, y estudiante del segundo año de Comercio Internacional. Lo que comenzó con unas telas prestadas y una oportunidad en el colegio terminó convirtiéndose en una empresa próspera que hoy da trabajo a más de 10 personas.

“Siempre me gustó el tema de la decoración. Le ayudaba a mi tía desde que tengo 15 años. Un día me animé a hacer una decoración en mi colegio con unas telas prestadas. Me pagaron G. 80.000 por mi primer trabajo y desde ahí no paré. Le conté a mi abuela y le dije que necesitaba un préstamo para iniciar mi negocio. Nunca voy a olvidar que ella me dijo que empiece con lo que tengo”, contó a Crónica.

En lugar de esperar a reunir una gran suma de dinero, siguió aquel consejo y puso manos a la obra con lo que tenía disponible. El resultado superó todas sus expectativas. “Deco Events, empezó con 150.000 guaraníes y me sorprende ver cómo crecí a pasos agigantados. Mis padres me ayudan en todo; sin ellos no hubiera podido tener todo lo que tengo hoy día. Es muy satisfactorio ver cómo cambió nuestra vida. Ahora podemos darnos lujos que antes veíamos como imposibles”, expresó.

Con el paso del tiempo, el emprendimiento fue sumando servicios y creciendo hasta convertirse en una empresa dedicada a ofrecer soluciones integrales para todo tipo de eventos.“Empezamos solo con decoraciones, hoy día tenemos un servicio integral. Gracias a mi trabajo, a mi corta edad me compré un auto, pago mis estudios y les cumplo sus caprichos a mis dos hermanos menores”, contó.

Detrás de ese crecimiento también está el trabajo silencioso de una familia que nunca dejó de acompañarlo. Su abuela, en especial, sigue colaborando activamente con el emprendimiento. “Mi abuela, a sus más de 70 años, también nos ayuda. Ella se encarga del lavado de las telas. Ella me dijo que ningún extraño va a cuidar mis cosas mejor que ella y no deja que nadie haga ese trabajo”, relató.

Entre tantas anécdotas, hay una que Fabián guarda con especial cariño. Ocurrió en el fondo de su casa, donde una conversación familiar terminó convirtiéndose en una realidad que hoy puede tocar con sus propias manos.“Un día estábamos sentados en el fondo de mi casa, bajo la planta de un tajy, mi abuela me dice: ‘Acá vas a construir tu depósito’. Yo lo veía imposible, pero se dio y, en ese mismo lugar, mi papá y mi abuelo construyeron el depósito en donde se guardan las sillas y mesas. Ahora estamos terminando la construcción del tercer depósito, que es para las vajillas”, contó.

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