Una historia que te va a poner los pelos de punta y te va a helar la sangre. Sergio Rojas (50), con 12 años de lomo curtido en el Penal de Tacumbú y actualmente prestando servicio en el Penal viejo de Emboscada, rompió el silencio para contar los sucesos paranormales más aterradores que le tocó presenciar entre las rejas y en las penumbras de la calle. “Un difunto me habló dentro del calabozo y me pidió un pabilito de cigarrillo. Cuando le llevé, los reclusos me dijeron que esa alma en pena siempre se paseaba a malas horas”, recordó con la voz temblorosa el penitenciario al diario Crónica.
El guardia reveló que las cárceles son un hervidero de espíritus en pena que piden misas, recordando el caso de un jovencito de 21 años, acribillado en “Alcatraz”, que en las noches lanzaba piedras fantasma contra las rejas sin dejar rastro al amanecer. “Era una constante eso, en el calabozo había entre 30 a 40 internos, yo estaba afuera y escuchaba el sonido de las piedras. Al ir a revisar para presentar evidencias a los jefes no encontrábamos nada. Era increíble”.
El guardiacárcel explicó que “en Tacumbú ya hubo muchos motines y gente que ha fallecido, entre reos y guardiacárceles también. Y por esa razón es que sus espíritus quedaron allí y no descansan. Seguramente piden que se haga un cierre con una misa o alguna bendición y por eso es que siempre aparecen”, explicó.

Ahora en Emboscada
El hombre asegura que hoy convive con lo espectral en Emboscada, donde las cámaras de seguridad captan entes sentados junto a los guardias en las garitas. “Solemos ver a través de las cámaras que aparecen unas sombras negras al lado de los guardias sentados, luego al hablar con el compañero nos dice que nadie estaba con él. Es escalofriante todo esto”.
Su curiosidad con el más allá
Don Rojas explicó que en un momento dado llegó a “coquetear” con el ocultismo y el tarotismo. “Yo fui monaguillo en mi adolescencia, y me di cuenta que había mucha hipocresía en la iglesia y luego me revelé y salí de ese mundo. Me interesé por la magia negra, magia blanca, el ocultismo, hacía la ouija, y después ya me pidieron algo muy satánico, me asusté y ya me abrí de eso”.
Una aparición que le marcó la vida
Don Sergio contó un contacto con el otro mundo a muy corta edad que le marcó la vida. Le había ocurrido a los 15 años, cuando caminaba solo de noche sobre la vieja Laguna Grande, cuando aún no había asfalta. En ese momento una hermosa joven con cuaderno y cartera le pidió acompañarla. Tras un largo trayecto, la chica lo hizo pasar a una humilde casa, prometió invitarle agua y jamás volvió a salir.
“Golpeé la puerta y me atendió una doñita. Le dije que su hija me hizo pasar y me metió a su pieza: estaba llena de velas, santos y un retrato de la pendeja con su cartera. ‘Ella era mi hija, la violaron y la mataron bajo el puente de Tres Cruces’, me dijo la señora. Salí corriendo despavorido hacia mi casa”, revivió Sergio con un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo.


