Entre sus múltiples actividades y mientras recorre las rutas en moto, un joven caapucuense encontró una manera sencilla, pero enorme, de ayudar a los demás. Lucio Pinienta, suele detenerse cuando ve a conductores varados al costado del camino, ya sea por una rueda pinchada o porque se quedaron sin combustible.
En un mundo donde muchas veces la empatía parece estar desapareciendo, él todavía elige confiar y dar una mano. Por eso, varios de los que recibieron su ayuda ya lo llaman “el ángel de las rutas”.Con tristeza, Lucio, fotógrafo y DJ, habló sobre lo que observa cada vez que sale a recorrer las rutas.“Ahora se perdió por completo la empatía. Duele mucho ver cómo la gente pasa de largo y no se queda a dar una mano cuando ve que alguien está en apuros con su vehículo en zonas descampadas, recorro todo el país no solo ayudo a la gente de Caapucú”, dijo a Crónica.
Para él, ayudar no significa esperar algo a cambio. Su decisión nace simplemente de ponerse en el lugar del otro. “Ayudo a las personas sin saber si realmente lo necesitan. Me detengo porque sé que en algún momento yo también voy a necesitar, también porque es lo correcto. Sé que a veces nos preguntamos si vale la pena dar una mano sin conocer toda la historia, pero la empatía no pide condiciones ni garantías”, señaló.

Sin embargo, Lucio también reconoce que la inseguridad cambió la forma en que muchos miran a un desconocido al costado de la ruta. Por eso, aunque mantiene sus ganas de ayudar, también toma sus precauciones. “Quiero creer que la desconfianza es a causa de la inseguridad, que mucha gente no se quiere arriesgar a quedarse porque hay muchos que buscan estrategias para asaltar al costado de la ruta. Pero yo sigo confiando, aunque a veces por intuición prefiero no quedarme a ayudar. Cuando veo a alguien al costado con su vehículo, voy lento y hay gente que de verdad da mala espina. A los que se quedan cerca de un puente generalmente no me quedo, porque uno no sabe si alguien está escondido por allí y te asaltan por tratar de ayudar”, explicó a este medio.
Según contó, los problemas más comunes son sencillos, pero pueden convertirse en un verdadero dolor de cabeza cuando ocurren lejos de todo. “Los problemas más comunes que tienen los muchachos en la ruta es que se queden sin combustible o se les agujerea una rueda. Gracias a Dios nunca tuve una mala experiencia y la mejor paga es que te den las gracias. Muchos me dicen que soy un ángel en la ruta para ellos, porque aparezco cuando más necesitan”, contó emocionado.
Ya no se comparte como antes
Pero Lucio no solo habla de lo que ve en las rutas. También siente que la sociedad cambió y que las personas están cada vez más desconectadas entre sí. “Cambió mucho la sociedad. Ahora cada uno vive por su lado, no le importa lo que le pase a los demás. En mi trabajo como fotógrafo se ve mucho la diferencia, en relación a antes, cuando en un encuentro familiar todos conversaban y se reían juntos. Hoy día se ve a la gente cada uno con su celular, todos como zombis”, lamentó.
Y hasta los momentos que antes eran para compartir en familia parecen haber cambiado. “Ni al momento de la cena dejan el teléfono. Lo primero que hacen antes de probar un bocado es una selfie para subir a sus redes sociales. Cambió mucho el mundo”, expresó.

