Con apenas 13 añitos, mientras muchos chicos de su edad piensan en juegos, amigos y qué hacer el fin de semana, Benjamín ya tiene una pequeña empresa, clientes y un sueño enorme. El adolescente es de Capiatá y comenzó a mezclarse con la harina desde muy pequeño, a sus 6 añitos ya estaba estudiando repostería.
“Mi abuelo me empezó a enseñar el amor por la cocina. Él es pizzero y ahí me empezó a gustar la harina. Me manchaba, jugaba con los ingredientes y creaba”, contó a Crónica, Benjamín. Con el tiempo, aquella curiosidad de niño se convirtió en una verdadera pasión. A los 9 años comenzó a preparar sus primeros productos para vender. Sus primeros clientes fueron sus compañeritos de la escuela y los profes de la institución a quienes empezó vendiendo bizcochuelos por porciones.

Su primera torta no la vendió, la regaló a una vecina que estaba de cumpleaños y tenía una temática de gatitos. “Fue todo un reto. Un pastel que ahora me puede llevar cuatro o cinco horas, en ese momento me llevó como tres días”, recordó entre risas. La decoración fue lo que más le costó, porque todavía estaba aprendiendo.
Pero lejos de rendirse, siguió practicando y cada guaraní que empezó a ganar, lo invertía para seguir creciendo en su mundo de dulzura. “Mis padres me acompañaban. Yo ahorraba y compraba mis cosas. Mi mejor regalo por el Día del Niño o por mi cumpleaños eran espátulas de cocina”, contó a Crónica.
Fue comprando sus utensilios y hasta pudo adquirir su propia batidora con dinero generado por sus ventas. Hoy, Benjamín ya tiene su propio emprendimiento, llamado “Benja Pastelería”, y asegura que sus clientes incluso lo llaman con cariño “señor Benja”.

“Es un orgullo para mí tener a esta edad una empresa como la de mis padres”, expresó. Y el pequeño pastelero también comenzó a vender porciones que ahora se pusieron muy de moda para satisfacer el paladar de los más dulceros, y en una sola jornada llegó a colocar unas 72 porciones, correspondientes a 11 tortas de distintos sabores. Chocolate, Oreo, frutilla, dulce de leche y crema pastelera fueron algunos de los sabores que preparó. En un mes normal puede llegar a entregar entre 20 y 25 tortas y la torta más grande que hizo hasta el momento pesó 8 kilos, decorado con fondant con la temática de Frozen, aunque actualmente está reduciendo los pedidos porque se encuentra concentrado en algo más grande, prepararse para cumplir su sueño internacional.
Su inspiración es el reconocido pastelero estadounidense Buddy Valastro, a quien admiraba desde pequeño. “Ver cómo hacía los pasteles era para mí un sueño”, comentó. “Una de mis metas es llegar a participar en el Mundial de Pastelería representando a Paraguay”, dijo con ilusión.

Pero también quiere viajar al extranjero para capacitarse, aprender nuevas técnicas y regresar al país para poner todo ese conocimiento en práctica. Pero mientras persigue ese sueño, Benjamín no deja de lado sus estudios. Va al octavo grado, estudia piano, música e inglés y aprendió a organizar su horario para cumplir con todo. “Si tengo un compromiso con la escuela, hago mis tareas y después empiezo a trabajar. También hay días que me tomo para descansar y ahorrar energía”, explicó a este medio.

