Hay historias perrunas que tocan el corazón y se quedan para siempre en la memoria de todo un pueblo. Esta es la vida de “Chuco”, un legendario jagua de 14 años que se convirtió en una verdadera eminencia en Humaitá y Pilar. Su historia arrancó cuando un pescador lo trajo desde el Puerto de Las Palmas (Argentina) para ser mascota de su hijo.
Al intentar adiestrarlo como perro de caza, el animalito se negó, abandonó el hogar y decidió convertirse en el perro callejero más libre, sabio y mimado de la comunidad, ganándose el cariño de todos como el mejor guía turístico del pueblo. ¡Hasta ya le hicieron una música!
“Chuco es un ser único, con una nobleza extraordinaria. Ama la música, a los niños; siempre a la hora del recreo iba a jugar con los alumnos de la escuela. Participaba de los desfiles estudiantiles, de los cumpleaños y visitaba enfermos”, relató a Crónica muy emocionada la que hoy es su tutora, María Flores, quien hoy día le da cobija en Pilar.

Su devoción era tal que no se perdía una sola misa dominical en la iglesia y era un fiel compañero de los uniformados de la Fuerza Aérea y la Marina local. La devoción por Chuco fue tan grande que hasta fue víctima de un sonado secuestro hace seis años.
Doña María contó que “unos desconocidos lo subieron a una lancha y luego a un barco rumbo a Asunción para regalárselo a un tercero. La movilización de todo el pueblo fue tan feroz que desde la Marina contactaron al capitán del buque para exigir su inmediata devolución. Tras cuatro largos días, regresó de vuelta con nosotros”.

Hoy, golpeado por los años, ya tiene 14, pero rodeado de puro amor, Chuco vive en Pilar recibiendo visitas de sus fans de todo el país. Su pueblo incluso le levantó una hermosa estatua gracias al aporte de sus seguidores para perpetuar su memoria. “Ya está viejo y desde que murió su madrina Reina decidimos traerlo a Pilar para que en el invierno de su vida tenga todos los cuidados que necesita. Sus caminatas son cada vez más cortas porque se cansa, pero sigue recibiendo el cariño de todos”, concluyó su familia adoptiva.

¿Por qué lo quieren tanto?
Ante la consulta del por qué Chuco es tan querido en la comunidad. “Es único en su forma de ser. Es demasiado inteligente y noble. Muy compañero. Parece que a uno le lee el pensamiento. Ahora que está con nosotros después de almorzar y cenar siempre viene a agradecer”.
Agregó que “pone la cabeza encima de mi rodilla o la de mi marido y nos pasa la pata y queda un rato así y después va a su cama. En Humaitá durante los velatorios acompañaba a la familia que estaba de duelo y seguía el cortejo fúnebre hasta el cementerio. Cada vez que había un finado hacia igual. Y en los cumpleaños y fiestas familiares siempre estaba presente”, finalizó.



