Lo que parecía que iba a terminar como una jornada de pesca sin mucha suerte terminó con una sorpresa enorme. Un grupo de 30 turistas llegó hasta la zona de Tacuaras, zona de Ñeembucú para disfrutar de tres días de pesca, pero durante casi toda la estadía la suerte no los acompañó.
Hasta que, en el último día, apareció una raya gigante de unos 90 kilos. Gonzalo, uno de los baqueanos que acompañó al grupo, contó que al principio ni siquiera imaginaron que se trataba de un pez. “Fue muy raro porque empezamos a desconfiar que era primero un tronco, después que se lió por nuestro fondeo, y después hasta que se empezó a mover y ahí le empezamos a perseguir”, relató.

Y desde ese momento comenzó una verdadera batalla. La raya no se dejó vencer fácilmente y los pescadores tuvieron que poner todo su esfuerzo para acercarla a la costa. El enorme ejemplar pesó exactamente 90 kilos, según la báscula utilizada por los pescadores. Pero sacarlo del agua fue otro desafío. Por su tamaño, era imposible subirlo directamente a la embarcación, por lo que tuvieron que llevarlo hasta la costa, trabajar allí con mucho cuidado y recién después sacarlo del agua.
Además, había que tener cuidado con las dos púas venenosas que tiene en la cola, explicó el baqueano. La captura también fue especial porque no se produjo con ningún equipo extraño: utilizaron un anzuelo común. La raya había sido enganchada por una de sus aletas, lo que hizo todavía más complicada la pelea.
Y aunque algunos cuestionaron la captura en redes sociales, Gonzalo explicó que la situación fue muy distinta a lo que muchos imaginaban. El grupo estuvo tres días pescando y, según contó, prácticamente no consiguió nada. “Nuestro principal problema acá son los espineles, las mallas, de eso...”, señaló, mencionando la gran cantidad de estos elementos que encontraron en la zona.
Durante esos días apenas lograron sacar algunos pescados pequeños, como mandi’i. Por eso, la enorme raya terminó siendo la gran sorpresa del viaje. “Fue el último día de pesca de ellos, porque ellos reservaron la posada por tres días”, contó Gonzalo. Al final, los turistas se llevaron el enorme ejemplar y lo repartieron entre todos.
Para Gonzalo, que trabaja como baqueano desde 2017, la experiencia también fue especial. Después de tantos años recorriendo nuestros ríos, sabe que hay jornadas tranquilas y otras que terminan convirtiéndose en una historia para contar.

