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“La única mujer entre tantos hombres”: pasó 42 años inspeccionando barcos

Durante décadas, en un lugar donde abundaban los hombres, había una mujer que no se dejó achicar por nadie. Se metió entre enormes barcos, recorrió a…

| Por Ariamne Roa
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| Por Ariamne Roa
María Selva sigue inspeccionando los barcos.

Durante décadas, en un lugar donde abundaban los hombres, había una mujer que no se dejó achicar por nadie. Se metió entre enormes barcos, recorrió astilleros, inspeccionó estructuras de metal y terminó convirtiéndose en una profesional cuyo trabajo era verificado incluso por especialistas que llegaban desde otros países.

A los 25 años aproximadamente ingresó a la Marina como química industrial y comenzó trabajando en el laboratorio. Lo que parecía ser un empleo más terminó convirtiéndose en una carrera de 42 años, marcada por el aprendizaje, los desafíos y la constante necesidad de demostrar que una mujer también podía hacerse respetar en un ambiente históricamente dominado por hombres.

A sus 72 años, María Selva Rolón todavía sigue subiéndose a los barcos. No lo hace por nostalgia ni porque no quiera descansar. Simplemente, hay algo que la acompaña: su pasión por lo que hace. Su primera tarea estuvo relacionada con el análisis de metales utilizados en la construcción y reparación de embarcaciones.

En aquel entonces, el trabajo era muy especializado y poco conocido fuera del ambiente naval. “En el astillero había una gran fundición, donde se producían piezas para los barcos, entre ellas hélices”. Y ahí entraba justamente el trabajo de María Selva. “Una hélice tiene una norma. Tiene una cantidad determinada de bronce, estaño, níquel y otros materiales”, contó a Crónica

Más de 30 años siendo la única mujer

María Selva recuerda que convivía diariamente con operarios, funcionarios y oficiales, cada uno con diferentes niveles de formación y maneras de trabajar. “Yo tenía que lidiar con diferentes niveles de cultura de hombres. Por más de 30 años fui la única mujer, porque las mujeres empezaron a entrar en este rubro hace menos de 10 años”, afirma.

Pero lejos de dejarse intimidar, siguió preparándose y acumulando experiencia. Su trabajo llegó a ser revisado por inspectores extranjeros que viajaban hasta Paraguay para verificar sus procedimientos. “Ellos venían y verificaban el trabajo, si estaba bien lo que yo estaba haciendo. Muchos ingenieros navales y peritos navales que vinieron de otros países certificaron mi trabajo”, cuenta orgullosa.

De los tubos de ensayo al interior de los barcos

Un director de la Marina vio que el laboratorio podía tener los días contados y le hizo una recomendación que terminaría cambiando su carrera. “A vos te conviene aprender más lo que es la inspección de barcos antes que lo del laboratorio”, recuerda que le dijeron. Y María Selva tomó el desafío. Comenzó a formarse en control de calidad e inspección de embarcaciones. Viajó a Argentina para capacitarse con Lloyd’s Register, una reconocida certificadora internacional, y también realizó cursos de ultrasonido en el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI).Desde entonces, su trabajo consistió en revisar barcos de metal, detectar posibles problemas y determinar qué partes necesitaban ser reparadas.

“Yo entraba a inspeccionar todo el barco y decía qué necesitaba que se le cambie”, cuenta. No era una tarea sencilla. Utilizaba técnicas conocidas como ensayos no destructivos, que permiten revisar el estado de los materiales sin dañarlos. “Yo le hacía tintas penetrantes para ver si no tenía fisuras los ejes”, explica.

Estuvo detrás de la inspección de grandes barcos

Entre sus recuerdos profesionales hay uno que menciona con especial orgullo. “Yo fui la que inspeccionó los cañoneros para que se traigan a reparar. Yo estaba detrás de todo eso”, recuerda. Sin embargo, también reconoce que muchas veces sintió que su trabajo no recibió el reconocimiento que merecía. “Como mujer, la Marina nunca me dio mucha importancia”, lamenta. Según cuenta, en algunas ocasiones el reconocimiento terminaba llevándoselo algún hombre que la acompañaba, pese a que era ella quien había realizado la inspección y firmado los documentos correspondientes. “La que hizo el trabajo fui yo”, remarca.

Mientras construía su carrera en un mundo de hombres, María Selva también sacó adelante a sus dos hijos. Nunca se casó y decidió criarlos por su cuenta. “Yo crie dos hijos míos por una decisión propia, hoy día son profesionales”, recuerda. En 2022, después de 42 años de servicio, María Selva se jubiló. Pero eso no significó colgar definitivamente las botas. “No me he retirado totalmente”, aclara.

Aunque ya no ofrece activamente sus servicios, quienes conocen su trabajo todavía la llaman para realizar inspecciones. Actualmente continúa participando en controles de buques tanque, barcazas y tanques de combustible, especialmente para verificar condiciones de seguridad y explosividad. A sus 72 años, sigue visitando los lugares de trabajo y supervisando que las tareas se hagan correctamente. “Yo no dejo que el personal se vaya solo a trabajar. Yo voy, sigo yendo”, contó a Crónica.

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