En medio de un camino solitario que une la zona de Yvyraty con Laureles, en la compañía Costa Puku, departamento de Ñeembucú, se encuentra un pequeño oratorio que desde hace años alimenta historias y leyendas entre los pobladores. Es la conocida “Cruz de los Milagros” de Yvyraty, un sitio al que muchos llegan con fe para pedir salud, protección o algún milagro. Pero cuando cae la noche, el lugar cambia completamente y son pocos los que se animan a pasar por allí.

Los pobladores hablan de movimientos extraños, apariciones y hasta de “póra” que, según cuentan, se dejarían ver entre los árboles y los matorrales. Una de las historias que más llama la atención es la de un hombre que asegura haber vivido un extraño encuentro mientras viajaba rumbo a Pilar. “Una vez venía en bicicleta a eso de las 11 de la noche y me salió un perro blanco sin cabeza. Llegué a Pilar con los pelos de punta. El tiempo estaba feo, me asusté mucho”, contó el poblador.
Pero esa no es la única historia que circula. Otros vecinos aseguran que, en determinadas ocasiones, han visto cosas todavía más extrañas alrededor del oratorio. “Otra gente dice que vio que los árboles se prenden todo. Mucha gente dice que es muy milagrosa la cruz, pero otros dicen que les sale póra”, relató.
HISTORIAS QUE SE CUENTAN DE GENERACIÓN EN GENERACIÓN
Sobre el origen de la cruz existen varias versiones. Una de ellas habla de una mujer que viajaba a caballo rumbo a Pilar y que, estando embarazada, habría muerto de sed en el camino. Otra historia es todavía más escalofriante. Se cuenta que dos amigos, después de una jornada de pesca, tuvieron una fuerte pelea en el lugar. La discusión habría terminado en tragedia: ambos se habrían herido con un arma blanca y uno de ellos murió entre los matorrales, mientras que el otro habría fallecido desangrado a mitad del camino.

Con los años, las historias fueron creciendo y el sitio quedó rodeado de un aura de misterio. Algunos aseguran que allí aparece un “póra”; otros, en cambio, defienden que se trata de un lugar bendecido y milagroso. Y hay un detalle que llama especialmente la atención: las velas nunca parecen faltar. Aunque durante el día algunas personas se acercan para rezar y dejar sus ofrendas, cuando llega la noche la mayoría de los pobladores prefiere no pasar por la zona. Son aproximadamente 300 metros de camino rodeados de bosque. Un tramo que, según los vecinos, es un lugar donde “hay póra”.
LA CRUZ QUE SE CONVIRTIÓ EN ORATORIO
La historia se mantiene viva desde hace décadas. Cada 3 de mayo, los pobladores realizan una fiesta en honor a la cruz, reuniendo a personas de la zona y también a visitantes que llegan desde otros puntos del país.

Para muchos, no hay miedo que valga cuando se trata de pedir un milagro. “Algunos pobladores tienen fe, dicen que es milagroso y también mucha gente de otros lados viene a visitar el lugar, asegurando que siempre van a pedir por salud y otras cuestiones y que sus pedidos se cumplen. Antes era solo una cruz en el camino y, con el tiempo, la gente fue mejorando el lugar”, contó el poblador.

