¡Lágrimas de pura emoción en el barrio Villa Jardín de Limpio! El pequeño Juan Carlos festejó sus 7 añitos con la sorpresa de su vida: la llegada de los bomberos de la 18ª Compañía de Bomberos Voluntarios de Limpio. El niño lloró de la emoción porque el mismo está fascinado con ellos y es su sueño de grande.
Su mamá Liz Mabel Maidana conversó con Crónica y ante la consulta de cómo nació el amor por los bomberos contó que “desde que subió por primera vez a una ambulancia, quedó fascinado con los paramédicos y rescatistas. Desde que se enfermó, desde esa ambulancia empezó a tenerle cariño a los bomberos. Su corazón pide por ellos”.
Agregó que “el sueño del pequeño es claro y lleno de esperanza: “Él quiere ser bombero el día de mañana para salvar vidas, para que no puedan caer niños a esto”.
Lloró de la emoción
Para su cumpleaños, lo que más anhelaba el pequeño guerrero era ver llegar a sus ídolos de casco: “Él siempre quiere que vengan los bomberos el día de su cumpleaños”. La capitana de bomberos de la 18° de Limpio, Natalia Agüero, organizó la comitiva y los voluntarios cayeron de sorpresa con el aivu de las sirenas: “Le llegaron y él empezó a llorar, me dijo: ‘¿por qué mamá no me avisaste que era esto?’”.
Madre e hijo vivieron un festejo inolvidable en su humilde hogar: “Fue de la felicidad que se le cumplió su sueño. Se le hizo un milagro caído del cielo con una pancheada, gaseosas, tortas y la llegada inesperada de los bomberos”.

Una lucha diaria
El mitã ’i viene peleando contra una leucemia detectada a los 3 años: “Fuimos a una batalla con una enfermedad que se llama leucemia; a él se le detectó a los 3 años”, contó su valiente mamá a Crónica, Liz Mabel Maidana.
El camino fue extremadamente duro y solitario para la familia: “Fue muy duro, esos momentos que él se quedó 6 meses sin caminar. Es algo muy duro que como mamá me tocó vivir sola”, añadió.
Pese a todo, la doña sacó garra por su mitã ‘i: “Yo como mamá tuve que tomarme la fuerza y no soltarle la mano a mi hijo; gracias a Dios tuvimos todos los procedimientos”. Tras someterse a quimioterapias, el pequeño lleva seis meses en observación sin remedios: “Ahora estamos 6 meses bajo observación sin ningún medicamento, pero eso no quiere decir que está 100% sano”, explicó.

Va a la escuela
Hoy el mitã’i va al primer grado bajo estricto cuidado de su madre: “Yo como mamá tengo que estar sobre él, me voy, le acompaño; si se siente mal o mareado, son signos de alarma que no puede tener”.
Doña Liz Mabel cría a cuatro de sus cinco hijos menores sola y trabaja pocas horas limpiando casas para no descuidar al guerrero: “Trabajo 3 horas por día en casa de familia nomás, porque no me puedo descuidar de él”.
Un pedido especial
La familia vive en una casita prestada dentro del asentamiento y claman por un baño digno para el nene: “Lo que nos hace falta para que él pueda estar bien es un baño, eso es lo que más pido”.
Pese a la extrema precariedad, la luchadora mamá no pierde la fe tras esta sorpresa tan especial: “Es una batalla muy dura la que me tocó vivir, un tropiezo que Dios me dio, pero no nos caímos, nos volvimos a levantar”.

