Lo que pintaba para una jornada de pesca tranquila terminó casi como una escena de película para unos pescadores que estaban navegando tranquilamente en una pequeña embarcación.
De repente, una enorme y ofuscada anaconda apareció y se fue derechito hacia ellos, obligándolos a dejar de lado la pesca y pensar rapidito en cómo zafar. “¡Viene por nosotros, ese viene por nosotros! ¡Pegale, pegale!”, se escucha decir a uno de los pescadores, entre risas y nervios, mientras la feroz víbora se acercaba cada vez más.
Sin perder tiempo, uno de ellos comenzó a meterle pata al remo, tratando de alejar la embarcación, mientras su compañero se armó de coraje y utilizó su propia caña de pescar para mantener a raya al mbo’i. Entre remadas apuradas, gritos y nervios, los pescadores finalmente lograron alejarse del peligro. La pesca quedó en segundo plano, porque ese día, sin dudas, la anaconda los vio como el verdadero “pez gordo”.

