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Ganaba 500 mil en una cabina y hoy la rompe produciendo tomates

Tiene 30 años y es de Santa Rosa, Misiones. Se recibió de Ingeniera Industrial.

| Por Bernardo Martínez
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| Por Bernardo Martínez
Cecilia Rivarola, productora de tomates en Santa Rosa.

¡Guapa y resuelta! A sus 30 años, la ingeniera industrial que la peleó desde abajo para recibirse, hoy la rompe como una de las reinas del tomate en la zona sur del país. Su historia arranca en Santa Rosa, Misiones, donde laburaba mediodía para bancarse el pasaje y viático para la facultad: “Trabajaba en una cabina telefónica, hacía recargas, atención al cliente y limpieza”, explicó Cecilia Rivarola (30), a diario Crónica.

Tenía un modesto salario pero que le servía para completar el pasaje y la cuota de la facultad: “Me pagaban 500.000 guaraníes, lo que me sirvió para el pasaje, que era G. 10.000 por día, ida y vuelta de Santa Rosa a la Universidad Nacional de San Ignacio. Tuve buenísimas calificaciones en el colegio y me gané una beca de Yacyretä que me cubría la mensualidad que era de G. 150.000 cuando eso”.

Diariamente viajaba media hora hasta San Ignacio para cursar la carrera en la filial de la Universidad Nacional de Pilar: “Eran como 30 minutos en colectivo, la cuota era accesible para una familia humilde”.

Aunque venía de cuna de agricultores, la chica encaró el título con sacrificio: “Vengo de familia de agricultores que no iban a poder sustentar mis estudios; nos enseñaron a trabajar desde chiquitos”, explicó.

Tras defender su tesis postpandemia, la profesional decidió volcar todo su conocimiento al campo junto a su pareja: “Uno no se enfoca más en lo que estudió, sino en la necesidad”.

Cecilia Rivarola, cuando trabajaba  en la cabina telefónica.
Cecilia Rivarola, cuando trabajaba en la cabina telefónica.

Empezaron de cero

Se instalaron en una finca heredada de su finado suegro, que eran de tres hectáreas en la compañía San Antonio de Santa Rosa para arrancar el sueño: “Nos mudamos porque la situación como a todos los paraguayos se puso ‘jetu’u’”, agregó la kuña guapa. El comienzo en la tierra no fue nada fácil y las plagas le jugaron sucio en sus primeros intentos: “Fue prueba y error; una vez una plaga nos destruyó toda nuestra plantación, pero supimos levantarnos”.

Se van expandiendo

El mercado de su cosecha se extendió rápidamente por el departamento y las zonas vecinas: “Tenemos compradores en Santa Rosa, San Ignacio y esta vez llegamos hasta Encarnación. Inclusive proveemos al programa Hambre Cero”.

A pesar del volumen de producción, los dueños de casa no sueltan el timón del negocio: “Del regadío nos encargamos totalmente con mi marido, es algo muy delicado”.

El emprendimiento ya no solo sostiene al hogar, sino que da trabajo a las familias del barrio: “Nos mantenemos nosotros dos más ocho personales a nuestro cargo”.

La ingeniera aplica sus conocimientos de gestión para hacer crecer la finca año tras año: “En el 2024 ampliamos a 10 invernaderos, en el 2025 a 20 y ahora ya estamos con 30 para producir 18.000 plantines de tomate y en 2 meses sacamos 45.000 kilos de tomate”.

Aunque sueña con llegar a la capital, prefiere ir con paso firme para no tropezar: “La proyección a Asunción es más tardada, hay que esperar para recuperar la inversión”.

Nunca se rindió

Mirando hacia atrás, valora la disciplina y la fuerza de voluntad que le enseñaron sus padres: “Hubo varias situaciones difíciles, pero nunca me rendí”. La productora demostró que el título universitario y el sudor de la frente se combinan perfectamente en la tierra: “La logística y la administración me sirven de alguna u otra forma”.

Hoy su finca rinde frutos rojos de primera calidad gracias al esfuerzo compartido y al trabajo en equipo: “Ellos mismos vienen, buscan el pedido en la finca y se lo llevan”.

La sacrificada historia inspira a muchísimos jóvenes que buscan salir adelante con el estudio y el trabajo diario: “Tenías que trabajar para poder estudiar y tener la carrera”. Con la frente en alto y las manos en la tierra, demuestra que no hay barrera imposible de vencer: “Nos dieron un tropiezo, pero nos volvimos a levantar para triunfar”.

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