El guaraní no necesita presentación en Paraguay. Está en la charla de la familia, en el tereré con los amigos, en el campo, en el mercado y hasta en ese “¡mba’éichapa!” que sale naturalmente. Es una lengua que se vive, se siente y que, pese al paso del tiempo, sigue más viva que nunca.
Pero no solamente los paraguayos quieren aprenderla. En el Ateneo de Lengua y Cultura Guaraní, en Fernando de la Mora y sus diferentes regionales, también llegan extranjeros con ganas de meterse de lleno en nuestro idioma. “Los mismos connacionales son los más interesados”, explicó a Crónica Carlos Ferreita docente del Ateneo de la Lengua Guaraní, aunque contó que también estudian extranjeros de distintos países.
“Ingleses, alemanes, brasileros y argentinos, japoneses, son quienes más se interesan por hablar el guaraní, algunos trabajan en Paraguay y necesitan comunicarse, sobre todo en zonas rurales; otros llegan mediante intercambios universitarios y buscan investigar la lengua desde la lingüística y la filología”, contó
“Al paraguayo le resulta demasiado fácil porque habla el guaraní, maneja el guaraní”, explicó. El verdadero desafío, según señaló, está en aprender a leerlo y escribirlo correctamente.“Lo que necesitan los paraguayos es ser alfabetizados en su propia lengua”, sostuvo.
Porque una cosa es hablar guaraní en la calle, como lo hacemos todos los días, y otra muy distinta es conocer su estructura, su gramática y su escritura.
“Toda lengua necesita una normativa, una estructura”, explicó. Y ahí entra en escena el guaraní popular, ese que escuchamos todos los días, sin pensar demasiado en reglas ni diccionarios. Para el especialista, esa oralidad es justamente una de las mayores riquezas que tenemos y debe ser aprovechada para fortalecer el idioma.
El guaraní de la escuela y el guaraní de la calle
Una de las cuestiones que genera debate es la diferencia que muchas veces existe entre el guaraní que se enseña y el que realmente habla la gente. En Asunción y algunas ciudades cercanas, según explicó, la materia Guaraní suele enseñarse utilizando el castellano.
En cambio, en buena parte del interior, donde el guaraní es la lengua de uso cotidiano, el propio idioma se convierte en una herramienta para enseñar. Y esa diferencia se siente “no es lo mismo aprender guaraní como una materia que vivirlo todos los días”, dijo ¿Y qué pasa cuando el castellano y el guaraní se cruzan en una misma conversación? Ahí aparecen el jopara y el jehe’a.
“El jopara no es más que la alternancia”, explicó. Es ese ir y venir entre un idioma y otro que hacemos casi sin darnos cuenta: un poco de castellano, un poco de guaraní y ¡listo! Ya estamos hablando a nuestra manera. El jehe’a, por su parte, aparece cuando las palabras de una lengua se mezclan y se adaptan a la otra.
Para entenderlo mejor, el especialista lo compara con el tradicional jopara del 1 de octubre: poroto y locro, cada uno con lo suyo, pero juntos en el mismo plato.

