A los 29 años, Marcelo, un joven Ovetense convirtió una tragedia en una historia de lucha, trabajo y superación. Tras un terrible accidente en moto, pasó por un coma, una amputación y una profunda depresión. Hoy es padre de dos hijos, emprendedor, chef en formación e influencer, y deja en claro que “El único límite es el cielo”.
Tenía apenas 21 años cuando un accidente en moto cambió completamente el rumbo de su vida. Aquella jornada iba camino a encontrarse con su tío, sin saber que detrás de ese encuentro había una sorpresa: su mamá regresaba de España después de unos nueve años y toda la familia preparaba un emotivo reencuentro.
Pero Marcelo nunca llegó. En el camino chocó contra una camioneta y terminó internado en el Hospital de Trauma de Asunción. Permaneció en coma durante unos 12 días y pasó cerca de dos meses hospitalizado. Una fuerte infección obligó a los médicos a amputarle progresivamente la pierna.
“Me desperté estando en terapia y ya no tenía un miembro. Ya no tenía mi pierna”, recordó.
La situación fue durísima. Marcelo cayó en una depresión y durante un tiempo se encerró en sí mismo. No quería salir, ni siquiera compartir un simple lomito con sus seres queridos. También tenía miedo de cómo lo recibirían los demás.
Pero poco a poco volvió a levantarse. “Pasé por depresión, tuve accidente, pasé hambre y salí adelante. Hoy tengo una familia y tengo un trabajo estable”, contó a Crónica con una sonrisa contagiante.
Volvió a trabajar y no se puso límites. Después del accidente, Marcelo regresó al trabajo. Se dedicó nuevamente al rubro de máquinas agrícolas y refrigeración. Subía escaleras, instalaba acondicionadores de aire y hacía prácticamente las mismas tareas de antes, pero se dió cuenta que ya no era lo mismo, “era muy cansador”, expresó.
Con el tiempo incursionó en la venta de ropas y calzados. También descubrió otra de sus pasiones: la cocina. Actualmente estudia para chef y además trabaja como influencer y colaborador de diferentes marcas.

Hace unos seis años inició junto a su pareja un emprendimiento que hoy sostiene a su familia. Juntos tienen dos hijos, quienes se convirtieron en su principal motor.
“Lo que más me motiva son mis hijos. Cada mañana le pido a Dios por un nuevo día, pero con la mentalidad de que hoy va a ser mejor que ayer”, afirmó.
Y esa filosofía se refleja en sus redes sociales, donde se lo puede ver trabajando, cargando mercaderías, cocinando y realizando actividades que muchos quizás pensarían que ya no podría hacer.
Para Marcelo, sin embargo, no existe un “no puedo, a mí no me impide absolutamente nada el no tener una pierna. Me acostumbré a manejarme así con el pasar de los años”, señaló.
El joven contó que durante años buscó la posibilidad de acceder a una prótesis, pero los costos y otras dificultades hicieron que hasta ahora no pudiera conseguirla.
Aun así, mantiene ese sueño, “Está dentro de mis sueños tener una prótesis”, reconoció.

Pero mientras tanto, sigue avanzando con una enorme voluntad de salir adelante, “Si yo puedo, ¿por qué otro no va a poder?”, expresó.
Cuando se le pregunta qué mensaje tiene para otras personas que atravesaron accidentes o situaciones difíciles, Marcelo no duda. “El único límite para mí es el cielo. La única cosa que no tiene solución es la muerte; todo lo demás tiene solución”, dice convencido.
Marcelo no niega que hubo dolor, miedo, depresión y momentos en los que sintió que ya no podía. Pero eligió no quedarse en aquel momento. Hoy, con 29 años, dos hijos, una familia, un emprendimiento, sus estudios de cocina y sus proyectos, demuestra que una tragedia puede desviar el camino, pero no necesariamente tiene que decidir hasta dónde uno puede llegar. “No importa lo que te haya pasado. Mientras estés vivo, todavía podés volver a empezar.”, finalizó.

