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Llegó a pesar 110 kilos y contó todo lo que tuvo que superar para bajar de peso

La atleta luqueña había perdido a su mamá y empezó a comer sin medidas y llegó a pesar 110 kilos. Bajó 50 kilos en un año.

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Llegó a pesar 110 kilos y contó que su proceso para bajarlos le sirvió para volver a retomar el control de su vida, para volver a poder mirarse de nuevo al espejo y estar presente para su hija después de haber tocado fondo.

Es impresionante la manera en que Jazmín Escobar cambió mental y físicamente. Hoy cuenta a Crónica por todo el proceso que tuvo que pasar para lograrlo.

“En mi caso no subí de peso simplemente por comer de más, hubo mucho dolor emocional detrás”, comenzó contando y agregó que comenzó a consumir sustancias a los 13 años. Pero fue cuando su madre falleció que se refugió en la comida. “El primer año subí 20 kilos y el segundo año otros 20 kilos. Me refugié en la comida. Fui aumentando de peso hasta llegar a superar los 110 kilos y la comida terminó siendo una forma de tapar cosas que no sabía cómo manejar”, reveló.

-¿Y qué te impulsó después a bajar de peso?

-Llegó un momento en que entendí que no podía seguir viviendo así. No quería solamente verme diferente, quería volver a sentirme bien conmigo misma, recuperar mi salud y, sobre todo, estar presente para mi hija. Ahí empezó un proceso que fue mucho más profundo que bajar de peso.

-¿Cuántos kilos llegaste a pesar?

-Llegué a superar los 110 kilos y mido 1,60 metros. En total llegué a perder 50 kilos. Pero más que el número de la balanza, para mí lo importante fue aprender a sostener ese resultado.

-Una situación te llevó a otra, llegaste a tocar fondo y después te volviste a levantar…

-Mi historia tuvo diferentes etapas y muchas veces sentí que estaba empezando de cero. Pasé por momentos muy difíciles, pero aprendí que tocar fondo no significa que tu historia terminó. A veces es justamente el lugar desde donde empezás a reconstruirte.

-Fueron 50 kilos menos, tremendo esfuerzo seguro. ¿Cuánto tiempo te llevó?

-Fue un proceso, no algo de un día para otro. Fue 1 año para lograr ese resultado, me llevó tiempo, constancia y muchísimos cambios de hábitos. Pero lo más importante fue entender que no se trataba solamente de bajar 50 kilos, sino de convertirme en una persona capaz de sostener una nueva vida.

-¿El sobrepeso llegó a afectar fuertemente en la salud?

-Sí, obviamente tuvo consecuencias en mi bienestar y en mi calidad de vida, pero también me afectó muchísimo emocionalmente. Llegué a no reconocerme, a esconderme y a sentir vergüenza de mí misma. Por eso hoy acompaño a más personas en este proceso desde mi experiencia y entiendo que recuperar la salud también implica recuperar la autoestima.

-Hoy, viendo el cuerpo que llegaste a tener, ¿qué les decís a las personas?

-Que no se rindan con ellos mismos, yo sé lo que es mirarse al espejo y sentir que no hay salida, porque yo estuve ahí. Pero también sé que se puede empezar de nuevo, no importa cuántas veces hayas fallado; podés volver a elegirte.

-Decís que no es magia, sino amor propio en uno de tus posteos…

-Sí, porque yo no creo que haya sido magia, hubo decisiones, disciplina, buena nutrición, hábitos y muchísimas veces hacer cosas aunque no tuviera ganas. Pero también hubo algo fundamental: empecé a entender que yo merecía cuidarme y para mí, eso también es amor propio.

-Para pelear contra las adicciones te alejaste de todo y de todos. ¿Creés que eso también te ayudó?

-Sí, en una etapa necesitaba alejarme de ambientes y situaciones que no me hacían bien, necesitaba cambiar mi entorno y, sobre todo, cambiar mi manera de pensar. Eso no significa que todos tengan que hacer exactamente lo mismo, pero en mi proceso fue necesario poner límites y priorizar mi recuperación.

-¿Hace cuánto que no probás sustancias ilegales?

-Hoy llevo 6 años y 7 meses sin consumir drogas y para mí cada mes que pasa sigue siendo un motivo para agradecer y celebrar. Aprendí a vivir un día a la vez: PHN, Por Hoy No.

-¿Qué te había llevado a probar y después engancharte a las drogas?

-Creo que detrás de una adicción casi nunca hay una sola razón, en mi caso había muchas cosas que no sabía manejar, heridas, situaciones y emociones que intentaba tapar. Empecé buscando una sensación y terminé perdiendo el control, con el tiempo entendí que la droga no era el problema aislado: había cosas dentro mío que necesitaba aprender a sanar y enfrentar.

-Si pudieras viajar en el tiempo, ¿qué le dirías a esa niña que recién empezaba a vivir?

-Le diría: “No tenés que pasar por todo esto para descubrir cuánto valés, no estás sola, no necesitás destruirte para sentirte aceptada ni para escapar de lo que te duele. Algún día vas a mirar atrás y vas a estar orgullosa de la mujer en la que te convertiste”.

-¿Te arrepentís de algo?

-Hay cosas que obviamente me hubiera gustado hacer diferente, pero no me gusta vivir desde el arrepentimiento, todo lo que viví me enseñó algo. No estoy orgullosa de todas mis decisiones, pero sí estoy orgullosa de haber decidido cambiar mi vida y de no haberme quedado en el lugar donde estaba.

-¿Qué mensaje quieres darle a los jóvenes?

-No esperen tocar fondo para pedir ayuda o decidir cambiar, no normalicen cosas que saben que les hacen daño y que no tengan miedo de alejarse de personas, ambientes o hábitos que los están destruyendo. Y sobre todo, entiendan que pedir ayuda no te hace débil, tu vida puede cambiar, pero primero tenés que creer que vale la pena salvarla.

-¿Qué le querés decir a tu papá, que fue tu apoyo en toda esta lucha?

-Papá, gracias por todo, gracias por todo lo que me enseñaste, por todo lo que vivimos y también por las situaciones que tuvimos que atravesar, porque hoy entiendo que todo eso también formó a la persona que soy. No cambiaría mi historia, porque gracias a todo lo que viví hoy tengo la vida que quiero vivir, soy la mujer que quiero ser y puedo mirar atrás y sentirme orgullosa de mi proceso. Gracias por ser parte de mi historia y de la persona en la que me convertí. Te amo.

-¿Y a tu hijita hermosa?

-Martina tiene 5 años y el mayor motivo por lo que decidí cambiar mi vida fue darme cuenta de que ella me necesitaba. Yo era su mamá, su mundo, y ella vivía para mí. Quería verla crecer, acompañarla, estar presente y enseñarle con mi ejemplo que siempre podemos volver a elegirnos y empezar de nuevo. Martina fue y sigue siendo uno de mis mayores motores para cuidar de mí y de mi vida.

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