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De estar privado de libertad a crear una fábrica que da trabajo a más de 40 personas

Renato Cañete tiene 38 años y sabe que en la vida se puede caer, pero también volver a levantarse. Hoy dirige una empresa que nació en una situación …

| Por Ariamne Roa
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| Por Ariamne Roa
Estuvo privado de su libertad y hoy dirige una empresa en donde da oportunidades a los jóvenes.

Renato Cañete tiene 38 años y sabe que en la vida se puede caer, pero también volver a levantarse. Hoy dirige una empresa que nació en una situación impensada y que con los años se convirtió en una fábrica con producción propia, maquinaria y más de 40 trabajadores.

La historia de Renato no comenzó entre máquinas, cuero y pedidos. Empezó en uno de los momentos más duros de su vida: cuando estaba privado de su libertad.

Corría el 2013 cuando, estando en prisión, buscó la manera de generar ingresos y comenzó a fabricar termos forrados en cuero. Lo que inicialmente parecía apenas una forma de ganarse la vida terminó convirtiéndose, con esfuerzo y mucha perseverancia, en el emprendimiento que hoy lleva adelante.

“Gracias a Dios me fui a la cárcel y no terminé en el cementerio. Estando privado de mi libertad conocí a Dios y emprendí en el termo”, contó a Crónica

Renato reconoce que antes había tomado decisiones equivocadas por querer llegar rápido a tener dinero. Aquella experiencia le dejó una enseñanza que hoy repite a los jóvenes: “los atajos pueden salir muy caros y nada reemplaza al trabajo honesto y la perseverancia”, he’i.

Estuvo tres años y un mes privado de su libertad y luego otros seis meses bajo un régimen semiabierto. Cuando recuperó plenamente su libertad, en 2016, lejos de quedarse mirando hacia atrás, decidió apostar todas sus fichas a su emprendimiento.

Primero vendía a través de las redes sociales. Después se instaló en la zona comercial de Pedro Juan Caballero, donde encontró un mercado importante, principalmente entre compradores brasileños.

De unos termos a una fábrica

Lo que comenzó de manera artesanal fue creciendo de a poco. Al principio, Renato tercerizaba parte de la producción porque todavía no tenía capacidad para hacerlo todo por cuenta propia.

Hoy la realidad es otra, ya cuenta con su propio tinglado, maquinaria y personal, y produce alrededor de 6.200 a 6.500 termos al mes. Pero Renato no se quedó solamente con ese producto.

A los tradicionales termos de cuero se sumaron portacelulares, neceseres y otros artículos, mientras prepara la incorporación de nuevas máquinas para fabricar cintos y kepis.

Todo esto tiene una característica en común: el cuero como materia prima y la búsqueda constante de nuevos diseños.

“Siempre estamos innovando en maquinarias, en diseños nuevos. No hay que quedarse en un lugar”, explica.

Más de 40 familias detrás de su sueño

Uno de los aspectos que más emociona a Renato no es solamente el crecimiento de su negocio, sino la cantidad de personas que hoy dependen de ese trabajo.

En la fábrica tiene 33 trabajadores, mientras que otras 9 personas trabajan en el área de ventas. En total, son más de 40 trabajadores directos.

A esto se suma toda una cadena de proveedores de cuero de diferentes puntos del país, entre ellos Atyrá, Yaguarón y Caaguazú.

“Me siento muy feliz porque allá en la fábrica como acá en la venta todos son jóvenes. Les doy fuente de trabajo para que puedan llevar el pan de cada día a sus familias”, dice con orgullo.

Renato sabe lo que significa equivocarse y también conoce las consecuencias de tomar un camino equivocado. Por eso, cuando habla con los jóvenes que trabajan con él, no duda en contarles parte de su pasado.

“Al entrar en ese mundo ya estás expuesto a ir a la cárcel o a la muerte. Yo fui a la cárcel”, dice.

Su principal mercado sigue siendo Brasil, que representa alrededor del 95% de sus ventas. Sin embargo, debido a las dificultades relacionadas con los impuestos y el tipo de cambio, actualmente busca fortalecer también el mercado paraguayo.

Cuando le preguntan qué mensaje le daría a alguien que quiere emprender, no habla como un empresario. Habla desde la experiencia.

“Que no paren de soñar. Que persigan sus sueños. Si pasa una dificultad, hay que persistir y luchar, pero de la forma correcta”, aconseja.

“Hay gente que dice: ‘Tengo miedo, ¿y si no me sale?’. Y yo digo: ¿y si no probás, cómo vas a saber si te sale?”, añadió.

Una segunda oportunidad hecha empresa

Renato no esconde sus errores. Al contrario, los convirtió en parte de la enseñanza que hoy transmite.

Cuenta que en su juventud quiso conseguir las cosas demasiado rápido y terminó pagando un precio muy alto. Pero también descubrió que siempre existe la posibilidad de empezar de nuevo.

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