Si antes hablar de depilación íntima era casi como hablar de un secreto de Estado, hoy la cosa cambió bastante. Al menos eso asegura Mirian, una depiladora que lleva más de dos décadas metida en este mundo y que, según cuenta, ya vio prácticamente “de todo”.
“Hace muchísimo que los hombres y las mujeres se depilan completo”, contó a Crónica. La diferencia, dice, es que antes muchos hombres llegaban a escondidas y con bastante vergüenza. Ahora, en cambio, entran al salón como quien va a cortarse el pelo. “Hoy ya es voz populi, ya es normal”, comenta.
Consultada si los kara’i kuera se depilan para que el “amigo” resalte más, indicó que “si es ñoqui, no hay depilación que ayude, no va por ahí la cosa, porque eso ni por más pelado que esté se va a aumentar”, he’i
Para ella, la depilación masculina ya no tiene que ver con prejuicios, sino con gustos personales y, según lo que manifiestan sus clientes, todo es por higiene y exigencia de la patrona.
Y no solamente se trata de la zona íntima. Los hombres también llegan pidiendo limpieza de axilas, piernas, pecho, nariz y hasta las orejas.

“Los señores más grandes tienen esos pelos gruesos que salen de la nariz, de las orejas o de las cejas. Una vez que se les saca, quedan más churros”, cuenta.
Los jóvenes, en cambio, suelen apuntar a otros estilos. “Los futbolistas, por ejemplo, piden que se les depile las piernas enteras. Depende de cada gusto”, explica.
Pero Mirian dice que su trabajo no consiste solamente en manejar cera y arrancar pelos. También tiene algo de psicóloga. Según cuenta, mientras sus clientes soportan el tirón de la cera, aprovechan para contarle sus problemas, sus historias y hasta sus secretos.
“Soy más psicóloga que muchísima psicóloga de verdad”, bromea, depilarse es “una tortura con placer”, expresa.
La confianza llega a tal punto que, según la depiladora, muchos clientes permanecen durante años con la misma profesional y eso “depende mucho del profesionalismo y de la técnica”, sostiene.
“Una vez que el cliente se acostumbra a una profesional y pierde la vergüenza, cambiar de depiladora ya no resulta tan fácil.
Y como en todo, a primera vez, “duele un poquito”, y todo es porque “el pelo está bien prendido de la raíz”, explica.
Pero asegura que la técnica y la conversación ayudan bastante a distraerse del tirón.
En su salón utiliza cera y, según explica, la depilación íntima tiene un costo similar al de otros servicios de depilación y rondaría los 90 mil guaraníes.
Mirian considera que hoy la gente tiene mucha menos vergüenza “depende del profesional, de cómo tratarle desde el primer saludo a la gente”, sostiene.
También destaca que el cuidado de la intimidad del cliente es fundamental. Por eso utiliza toallas para cubrir las zonas que no está trabajando. “Si estás desnuda, desnuda, no te relajás”, explica.
Después de más de 20 años trabajando en esto, era inevitable preguntarle si alguna vez se encontró con alguna situación insólita, “sí, claro que sí. Existe gente fea, personas feas ya he visto de todo y me sigue sorprendiendo”, he’i
Pero asegura que las partes íntimas dejaron de llamarle la atención hace muchísimo tiempo. “Para mí es como si no viera. A mí me interesa la piel y el pelo de la persona”, finalizó.
Y sobre situaciones desagradables, como malos olores, asegura que actualmente sus clientes llegan mucho más preparados y cuidadosos.

