A sus 25 años, Brahian Barrios tiene dos grandes pasiones que, lejos de competir entre sí, aprendió a combinar con esfuerzo y mucha organización: servir a la ciudadanía como policía y representar al Paraguay a través de la danza.
Desde pequeño tuvo claro que quería seguir los pasos de su papá, un policía jubilado a quien veía trabajar y ayudar a la gente. Esa imagen quedó grabada en su memoria y terminó convirtiéndose en una inspiración para elegir su profesión.
“Desde pequeño vi cómo él servía y ayudaba a la gente, y eso me motivó a seguir sus pasos. Yo también quería tener la oportunidad de servir a la comunidad y ayudar a los demás”, cuenta.
Hace dos años ingresó a la institución policial y desde entonces lleva con orgullo el uniforme. La vocación, además, parece ser cosa de familia, su papá y otros cinco familiares también forman o formaron parte de la Policía.
Pero hay otra faceta de Brahian que quizás muchos no conocen. Antes de vestir el uniforme ya había aprendido a moverse al ritmo de nuestra música. Desde niño integraba un grupo de danza de su comunidad, San Fernando, en Misiones.
Por diferentes motivos dejó de bailar durante un tiempo, hasta que sus amigos lo convencieron de volver. Y cuando regresó al escenario, descubrió que aquella pasión seguía intacta.
“Me gustó mucho la idea de retomar algo que siempre me gustó. También quiero hacerlo para llevar en alto nuestra cultura paraguaya y representar con orgullo nuestras tradiciones”, señala.
Su regreso a la danza le permitió vivir una experiencia inolvidable. Recientemente participó del 10.º Encuentro de Orquestas, un evento internacional que se llevó a cabo en la Argentina que reunió a representantes de Brasil, Argentina, Uruguay, Chile, Colombia y Paraguay.

Nuestro país estuvo representado por la Orquesta Filarmónica Guaraní y el elenco Raíces y Cultura de Santa María, del que Brahian forma parte como bailarín.
“Representar a Paraguay, salir del país y mostrar nuestra danza y nuestra cultura era algo muy grande y un orgullo. Cada uno puede tener su opinión, pero yo lo viví con mucho respeto y emoción porque sabía lo que significaba llevar un pedacito de nuestro país afuera”, expresa.
A ALGUNOS CAMARADAS NO LE GUSTA QUE BAILE
No todos sus camaradas entendieron inicialmente su decisión de dedicar parte de su tiempo a la danza. Algunos no estuvieron de acuerdo, aunque también recibió el respaldo y el cariño de muchos uniformados.
Brahian, sin embargo, no se arrepiente. Para él, ambas actividades forman parte de su identidad y pueden convivir perfectamente.
Tiene tres hermanas, no tiene hijos y asegura que hasta ahora puede cumplir con sus responsabilidades policiales y, al mismo tiempo, participar de los ensayos y presentaciones.
“Todo depende de organizarse, aprovechar el tiempo y poner ganas a lo que uno hace. Con organización y esfuerzo todo se puede”, he’i.
En este camino tampoco se olvida de quienes estuvieron a su lado cuando decidió volver a bailar. Sus compañeros de danza se convirtieron en sus maestros, amigos y principales impulsores.
“Admiro mucho a mis compañeros de danza porque fueron ellos quienes me apoyaron, me enseñaron todo lo que sé hoy y tuvieron mucha paciencia conmigo durante todo este proceso. Gracias a ellos fui aprendiendo y creciendo como bailarín”, destacó.

