Si sonara la música de Fito Páez, podría decirse que se vieron en un café. Pero todo apunta a que no fue por casualidad. Es que ambos ya sabían quienes eran desde hacía años. Es que, en el 2019, el entonces ministro de Hacienda, Benigno López, creó una unidad bajo su dependencia, llamada Unidad de Asesoría Principal (UAP), y pidió el traslado de Fernando Rivarola, quien aún se encontraba en el Banco Central. Este pedido se dio el 8 de agosto de 2019. Semanas después, el 17 de setiembre de ese año, lo designó como asesor principal. Ahí nació la relación entre ambos.
La resolución otorgó a Rivarola el rango de coordinador dentro de la UAP, donde se mantuvo por varios meses, ocupando una posición de confianza como asesor principal y coordinador. Terminado ese comisionamiento, Rivarola volvió al Banco Central, donde se encargó de un área que tenía como objetivo la regulación y supervisión financiera.
Luego llegó a la Gerencia de Supervisión de la Superintendencia de Bancos, allá por el 2024. Continuó en ese trabajo hasta el 6 de julio de 2026. Entre otras funciones, debía formular observaciones, producir informes y dejar asentadas las advertencias que considerara necesarias sobre las entidades sometidas al control del BCP.
Cuando dejó la gerencia, fue designado miembro del Directorio de la Agencia Financiera de Desarrollo. Ya estando en esta dependencia, el 10 de julio, sale el memorando que posteriormente pasó a conocerse públicamente como el “informe Rivarola”. Para entonces, Rivarola ya no ejercía la Gerencia de Supervisión ni tenía bajo su responsabilidad directa el control de las entidades bancarias. O sea que, el documento que hoy genera tanta repercusión, aparece fechado recién cuando ya había dejado esa responsabilidad.
Entre tanto, el 8 de julio de 2026, López compareció ante la Unidad Especializada en Delitos Económicos y Anticorrupción y declaró como testigo ante el fiscal Néstor Coronel en el marco de una investigación abierta tras una denuncia por supuestas irregularidades en la ejecución de un fideicomiso. Lo hizo en calidad de expresidente del Instituto de Previsión Social.
Lo curioso es que tiempo después, en setiembre, López y Rivarola aparecen en una foto reunidos en un café del complejo Textilia. Eso hizo que surja la duda sobre si, en esa “juntada”, se “cocinó” lo que luego se conoció como el “informe Rivarola”, porque se dio justo antes que salga el memo en el que, aparentemente, se hizo uso o divulgación irregular de información sometida a reserva, algo que debe ser investigado para, de esa manera, poder establecer quién tuvo acceso a esos datos, qué deber de confidencialidad tenía y cómo fueron utilizados o difundidos posteriormente.

