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Dos paraguayas, dos perritos y una casa rodante de 40 años llegaron al fin del mundo

Desde Concepción hasta el fin del mundo Vanesa y Evanis recorrieron más de 5.000 kilómetros a bordo de “Libertad”, una casa rodante fabricada en 1986…

| Por Ariamne Roa
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| Por Ariamne Roa
Dos paraguayas a bordo de una viaja casa rodante llegaron al ¡fin del mundo!.

Desde Concepción hasta el fin del mundo Vanesa y Evanis recorrieron más de 5.000 kilómetros a bordo de “Libertad”, una casa rodante fabricada en 1986. Acompañadas de sus inseparables mascotas, las viajeras demostraron que los sueños no tienen edad, que las aventuras no siempre necesitan grandes lujos y que el camino puede convertirse en una de las mejores experiencias de la vida.

A bordo de “Libertad”, una pintoresca casa rodante de 40 años de antigüedad, y en compañía de sus dos perritos, Fiorela y Benito, las mujeres emprendieron un viaje que comenzó el 26 de septiembre y las llevó a recorrer miles de kilómetros, atravesar fronteras, conocer nuevas culturas y coleccionar anécdotas que seguramente recordarán durante toda la vida. “Y llegamos, ¡literalmente llegamos al fin del mundo!”, contó a Crónica Vanesa de profesión médica.

“Hace poco tiempo que venimos viajando de esta forma cada vez que se puede, en Paraguay es muy nuevo el tema de las casa rodantes. Hace tres años fundamos con otros amigos que también tienen casas rodantes el Rancho Móvil Club Paraguay ése club existe en varias partes de Sudamérica, ahora somos 47 socios”, contó. La dos viajeras llegaron a destino el 18 de octubre, después de aproximadamente 22 días de viaje.

Pero lo más llamativo no fue solamente haber alcanzado uno de los puntos más australes del continente, sino haberlo hecho “dos mujeres, en una casa rodante y con dos mascotas en una casa rodante que llama la atención por donde pasa”, contó. La historia de esta travesía comenzó mucho antes de poner primera rumbo a Ushuaia la ciudad Argentina conocida como “el fin de mundo”.

“Empecé a ver videos de personas que viajaban solas, en pareja o que hacían sus propias casitas. Parecía algo más alcanzable, y eso despertó mi interés”, relató. De a poco, junto a Evanis, fueron animándose a probar diferentes alternativas. Primero viajaron en una camioneta convencional, llevando sus elementos de cocina y buscando hospedajes para pasar la noche.

Después dieron otro paso y compraron un pequeño tráiler, conocido popularmente como “la gotita”, con el que viajaron durante dos años.

La experiencia les permitió descubrir que no necesitaban esperar las condiciones perfectas para salir a conocer el mundo. Así fueron ganando confianza, aprendiendo sobre la marcha y acercándose cada vez más al sueño de tener una verdadera casa rodante.

Hasta que llegó “Libertad”, una casa rodante que no es una camioneta adaptada, sino que nació para cumplir esa función. Se trata de un vehículo modelo 1986, con ese estilo clásico que parece salido de una película estadounidense. “Cuando empezamos a ver estos viajes, todo parecía muy lejano, como si no fuera para nosotras. Después nos dimos cuenta de que había sido algo más posible de lo que pensábamos”, expresó.

“Libertad”, una compañera con historia, con sus cuatro décadas de vida, la casa rodante se convirtió en mucho más que un vehículo. Es su hogar durante el camino, el espacio donde descansan, cocinan, comparten el mate y se preparan para descubrir un nuevo destino.

Aunque ya venía equipada, sus propietarias decidieron darle un toque personal y realizar varias mejoras por cuenta propia. Pero en el camino, a parte de disfrutar el paisaje vivieron varias anécdotas.

“Por su edad ya nos dio muchos dolores de cabeza nuestra casa, hasta el punto que me convertí en cirujana de vehículos, en una oportunidad se tuvo que bajar la caja en plena ruta, nos quedamos sin combustible y eso sin contar las veces que nos perdimos”, expresó

“Yo ya conozco todo de mecánica, incluso me compré una caja de herramientas y un mameluco”, expresó

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