De aquellos tiempos de andar descalzo a levantar la copa de campeón. Mucho antes de las cámaras y los flashes, hubo un mitã’i criado a puro amor de abuela. Ese chico humilde es Fernando Arce, y su gran ángel de la guarda es doña Alicia Sánchez. La doña de oro jamás soltó su mano cuando el camino del fútbol se ponía cuesta arriba.
Con lágrimas en los ojos, el péndex le juró que cada gloria deportiva sería para ella. Promesa de oro: cada trofeo y medalla que ganara irían directo a la repisa de ña Alicia.
Esta semana el pelotero cumplió el juramento más sagrado y hermoso de toda su vida. Tras consagrarse campeón de la Intermedia con Santaní, agarró viaje rumbo a Carapeguá.
Llegó a la compañía Beni Loma de Carapeguá, con la brillante copa en brazos, buscando a su reina. Al ver a la abuelita, corrió a sus brazos y entre llantos le entregó el trofeo mayor. Fundidos en un abrazo interminable, ambos recordaron los sacrificios que pasaron juntos.
El fútbol da contratos millonarios y portadas, pero nada supera el cariño de la familia. Nando demostró que no olvida sus raíces ni a la mujer que le enseñó a soñar despierto. La emoción caló hondo en toda la comunidad que aplaudió el noble gesto del jugador. ¡Misión cumplida, campeón: el trofeo más grande ya brilla en la casa de la abuela!.

