La cosa se está poniendo cada vez más jodida con el tema de la crecida, el río Paraná sigue con un nivel altísimo y ya llegó a los 6,40 metros, quedando a tan solo 20 centímetros de alcanzar su récord histórico de 6,60 metros, registrado en 1997.
La situación mantiene con el Jesús en la boca a las familias que viven en las zonas ribereñas, porque las lluvias que se anuncian para los próximos meses podrían hacer que el río siga creciendo e incluso supere aquella marca histórica.
Benjamín Fernández, jefe de Dragado de la Administración Nacional de Navegación y Puertos (ANNP), explicó que el comportamiento del Paraná depende mucho de las lluvias que caen en Brasil y de la cantidad de agua que liberan las represas de Itaipú y Yacyretá.
Según recordó, las grandes crecidas de 1997, 2015 y 2018 estuvieron relacionadas con el fenómeno El Niño. Sin embargo, ninguna logró superar el nivel registrado hace 29 años. El problema es que las lluvias en el sureste brasileño hacen que los embalses acumulen muchísima agua y, cuando aumentan las descargas, el Paraná también siente el golpe y comienza a subir.
Fernández señaló que Itaipú y Yacyretá cumplen un papel fundamental para regular la cantidad de agua que baja por el río y evitar que las inundaciones sean todavía más graves.
“Si no hubiésemos tenido las represas, las inundaciones hubiesen sido mucho peores por los volúmenes de agua”, he’i. Por otro lado, el río Paraguay presenta un panorama diferente. En Asunción está bajando unos 10 centímetros por día, debido a que no se registran lluvias importantes en el Pantanal brasileño.

