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“Se fue como todos los días a trabajar pero ya no regresó nunca más”

  • TODO SU MUNDO se le vino abajo, desde entonces su corazón no encuentra consuelo

Tenía una vida como cualquier otra mujer lo hubiera deseado, me enamoré a los 14 y apenas cumplí 18 me casé con el amor de mi vida. Rápido tuvimos hijos, apenas a los dos años de casados, uno de ellos tiene 8 y la más chiquita tiene 4 años. Mi matrimonio estaba forjado de amor, comunicación y, por sobre todo, esa magia que le caracteriza al noviazgo.

Mi marido fue un excelente esposo, era detallista, en la semana sí o sí siempre me sacaba a cenar. Era espontáneo, preparaba sorpresas que ni siquiera me imaginaba, a veces los chicos, especialmente el mayor eran cómplices.

Aparte de eso tuvimos una vida muy acomodada económicamente. Él tenía su empresa de ventas de electrodomésticos y yo soy abogada, pero después de mi segundo embarazo dejé porque me quería dedicar a mi hijita completamente.

Éramos muy felices realmente, todo era perfecto, como diría la frase “demasiado lindo para ser verdad”.

Un día me desperté sin saber que mi vida a partir de ahí daría un giro mortal. Desayunamos todos juntos en la mesa, rezamos como acostumbramos hacer y él se fue como todos los días a la empresa que tiene. Sentí algo fuerte en el corazón ese día, y tenía taquicardia, no estaba tranquila.

Era como si fuera que mi angelito de la guarda me estaba avisando que algo pasaría, que me prepare. Ya luego, alrededor de las 11:30 recibo la peor llamada de mi vida, me avisaron que mi marido tuvo un accidente y la parte más dura venía: falleció.

Y encima de todo fue por la imprudencia de otra persona, el que le chocó realizó un adelantamiento indebido y así se metió en su carril y colisionaron muy fuertemente, murieron ambos conductores.

Ahora pasaron dos meses de aquel horrible momento, la situación está mal en la empresa porque yo no entiendo mucho y no tengo ganas ni de irme ahí. Mis hijos, más el mayor, lloran y preguntan por su papá. Hoy día soy el papá y la mamá de mis hijos, pero siento que no puedo ni conmigo misma, ¿cómo voy a poder con ellos entonces? ¿Cómo hace una para salir adelante luego de la muerte de un ser querido? Lo extraño demasiado y no sé para dónde correr.

ANITA, DE PARAGUARÍ, 28 AÑOS.

RESPUESTA: Cuando muere un ser querido no queda otro remedio que aceptar el comienzo de una etapa dolorosa: el duelo. Es una de las situaciones más tristes que tenemos que enfrentar cuando perdemos a alguien a quien amamos. Es inevitable sentir la sensación de que algo falta, el dolor varía en su intensidad y forma de manifestarse de unas personas a otras. A pesar de que la persona en duelo está deseando superar ese dolor, en este caso más que nunca las prisas no son buenas.

Como se trata de un proceso normal, en un principio no es necesaria una intervención específica, siempre que la persona afectada cuente con los recursos adecuados, tanto internos como externos, para hacer frente a la pérdida del ser querido.

Como mínimo, debe pasar un año para superar la pérdida. No obstante, los estudios más recientes sostienen que tras una pérdida significativa el afectado comienza a recuperarse en el segundo año. La superación del aniversario de la muerte del ser querido, así como el paso por fechas señaladas, son aspectos cruciales para superar el duelo.

Conocer las fases del duelo por la muerte de un ser querido, ayuda a comprender el dolor y a adoptar recursos de afrontamiento ante cada una de estas. Primero aparecen reacciones como el aturdimiento, la negación, la ira, y la no aceptación de la pérdida. Todo ello se acompaña de recuerdos constantes del fallecido.

Finalmente comienzan a remitir los aspectos más dolorosos del duelo, y empieza a experimentar la sensación de retomar su vida. En este momento los recuerdos del fallecido combinan emociones como la alegría y la tristeza.

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