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“Ir en el tren era lo máximo”

Para don Silvero, recordar lo que fueron épocas de “oro” del “Carlos Antonio López” es como viajar hacia el pasado a toda máquina… esa que él alimentaba.

Corría el año 1911. La ciudad de Encarnación se preparaba para recibir una locomotora a vapor. El progreso por fin llegaba a la ciudad. Solo por momentos se vivía como un bálsamo para calmar el dolor de una guerra civil que desangraba al país.

El tren “Carlos Antonio López” era parte de un proyecto para unir la capital del país con la Villa Encarnación, una obra que comenzó a finales del gobierno del general Bernardino Caballero, en 1886, según se relata en el libro “Época de Oro” de César Benítez y Julio Sotelo.

Varios años pasaron para que la estación que se comenzó a construir en 1907, pudiera convertirse en uno de los atractivos de la ciudad y diera vida a la Perla del Sur.

Don Honorio Silvero, quien en su juventud se desempeñó akue como “leñero” del ferrocarril, le contó a Crónica algunas anécdotas de su época.

En la estación de Encarnación, llena de gloria, descansa uno de los guapos “caballos de acero”.

“Muchos años yo laburé ahí. Casi a los 20 por ahí entré. Yo era el encargado de tirar las leñas a la locomotora para que pudiera ponerse en marcha. Mucho trabajo nos daba”, recordó el hombre.

“El ferrocarril de pasajeros salía a las cinco de la mañana y se iba a San Salvador. De ahí nos íbamos a Asunción. Después de tres días volvía a Encarnación. Ir en el tren era lo máximo. Recuerdo que los jóvenes aprovechaban los fines de semana para mirar gente, para pasearse. Era todo un acontecimiento”, comentó.

Recordó que “en el 64 empecé a trabajar, y estuve hasta que terminó el tren. Se extraña esa época. Ñanandýre roiko dos, tres días. Entre tres estábamos los pasaleñas. Ambyasy la tren opahague”.

Los ómnibus fueron sus “contrarios”

Julio Sotelo.

En la década de los 90 ya empezó la decadencia del ferrocarril. “El tiempo de esplendor fue hasta los años 80, donde todavía había pasajeros, aunque eran pocos. Cuando se inauguró el puente en Villa Florida, ya había colectivo. Había todavía tren, pero en lugares en donde no entraba el colectivo. Después ya fue en decadencia. En el 2003, en el gobierno de Nicanor Duarte Frutos, prácticamente se comenzaron a desmantelar las estaciones”, he’i a Crónica el historiador Julio Sotelo.

Vender chipa en el tren era todo un tema

Un “pasajero” que es ícono luego de la ciudad de Encarnación es don Ramón Martínez, a quien la gente lo conoció más como “Chipa Itapúa”. “Yo me acuerdo que de chiquito nos subíamos temprano al tren a vender chipa con mi mamá”, contó el capo.

El negocio fue próspero hasta que el tren dejó de llegar a Encarnación en el año 94, cuando el puente de Mbói Cae se destruyó con una inundación, según contó don Sotelo.

Encarnación ya gozaba de riquezas gracias al río Paraná y con la llegada del vapor y el ferry boat se acrecentó avei la explotación forestal y yerbatera. Además aparecieron ndaje las primeras construcciones modernas en la ciudad de la Perla del Sur.

Una de las típicas estaciones del ferrocarril.

DISTRACCIÓN. La estación del ferrocarril en los primeros años de la década de 1920 fue el principal centro de concentración de la gente. Algunos solamente con el fin de distraerse.

CONEXIONES. En 1907, la compañía The Paraguay Central Railway Co. quedó como única propietaria del tren tras negociar con el Estado. En 1913, se unió a Ferrocarriles Argentinos.

EN LIBRAS. En 1910, el Gobierno argentino suscribe acciones por valor de 220.000 libras para la prosecución de la construcción de la línea férrea desde Pirapó hasta Pacú Cuá (Encarnación).

 

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