- POR OSCAR PATIÑO RIVEROS
Nació el 30 de junio de 1976 en Pirayú, aunque creció en Asunción. Fue uno de los delanteros más importantes de nuestro fútbol en la década de los 90, tal es así que Éver Hugo Almeida lo llamó a la selección para la Copa América de 1999.
Jugó al fútbol a nivel profesional hasta los 26 años, luego se fue “un rato” a Estados Unidos y hace 18 años que vive en Nueva York. Esta es la fantástica historia de Emiliano Martínez, quien hoy en día trabaja en la construcción y al mismo tiempo dirige su propia escuela de fútbol en la “Gran Manzana”.
No hace falta jugar hasta los 40 años para ser feliz, esta es la frase de cabecera de Martínez, un atacante que comenzó su carrera a los 13 años en el club Atlético Villa Elisa de la Liga del Sud, misma institución donde comenzó Miguel Ángel “Peque” Benítez, campeón de América con Olimpia en el 2002.
En 1995 su vida cambió para siempre cuando lo vio jugar el empresario Epifanio Rojas, quien lo llevó a Atlético Tembetary. Ese año ascendieron a Primera División y él fue el goleador del certamen con 18 años.
Después pasó por clubes como Sport Colombia, Guaraní, Sol de América y Audax Italiano y Everton de Chile.

En marzo del 2003 recibió una muy buena propuesta de un club de la Liga Paraguaya de Fútbol de Nueva York, aceptó, viajó y nunca más volvió. “Estoy contento con la carrera que hice, jugué en clubes importantes, fui llamado a la selección y también supe lo que es jugar afuera. Después tomé la decisión de quedarme en Estados Unidos porque aquí tenía un futuro mucho más prometedor”, afirmó el exatleta.
Se fue a probar al Barça y no hizo la prueba por “apurado”
En 1997 Emiliano viajó a España para hacer una prueba y la misma era nada menos que en el Barcelona, el club donde hoy brilla Lionel Messi; sin embargo, dicha prueba nunca se pudo realizar porque el atacante no quiso esperar y volvió a Paraguay.
“Al paraguayo le cuesta dimensionar dónde está parado, le cuesta manejarse afuera. Muchas veces el jugador no aguanta mucho tiempo en el exterior porque extraña a su novia, a su familia, la comida; todas esas cosas y al final regresa sin haber hecho realidad su sueño. Fue lo que me pasó a mí en el Barcelona, fui a probar, estuve un mes esperando y por no querer esperar un poco más volví sin nada”, aseguró.
“Yo vendía frutas y varios otros productos en Calle Última”, he’i

Nació y creció en el seno de una fami l ia humi lde, nada fue fácil para Emiliano; quien tuvo que trabajar desde niño, ya que la situación económica en su casa no era buena. “Nunca voy a negar mi origen, vengo de una familia humilde. Yo vendía frutas y varios otros productos en calle Última. Vivíamos cerca y teníamos que ayudarnos entre todos”, dijo.
Después añadió, “por eso a mí no me costó mucho adaptarme a la vida aquí en Estados Unidos, porque aquí hay que trabajar, aquí no se jode. El que viene acá no viene para joder, de lo contrario no vale la pena el esfuerzo”.

Trabaja en construcción y enseña
“Yo vine aquí a Estados Unidos con la idea de estar un breve tiempo y luego volver a Paraguay a jugar al fútbol, pero después analicé e hice lo que era mejor para mí y la familia, me quedé a trabajar y no me arrepiento. Trabajo en construcción y enseño en mi escuela de fútbol, todos mis alumnos son niños”, afirmó.
“Aquí la soledad es terrible”
Emiliano no solo nos contó la parte “buena” de ir a trabajar al gran país del norte, también nos relató lo duro que es vivir solo, lejos de la familia y casi sin posibilidad de viajar a Paraguay para visitarlos.
“En este país hay mucha presión y la soledad es terrible, la parte emocional juega un papel muy importante en la vida de los que dejamos todo en busca del sueño americano. El que no sabe manejar la soledad no va sobrevivir”, he’i.

