SILVIO ACUÑA. LA SOMBRA DE OLIMPIA

Así calificó el exjugador al conjunto de 4 Mojones de aquel tiempo, que le ganó al Franjeado en condición de local y visitante voi.

| Por Alex Noguera
Equipo de Atlético Colegiales, en el año 1997, con Silvio Acuña en sus filas.
  • Por Gerardo Benítez Monges

Muchas fueron las cualidades destacadas que lo llevaron a militar en varios clubes locales y del exterior, codeándose desde muy joven con fulgurantes estrellas del balompié nacional. Ese es el exvolante Silvio Acuña, quien con 18 años de edad se mudó a la capital, tras dar sus primeros pasos en el fútbol, chutando en el club Capitán Leguizamón de San Pedro del Paraná.

Acuña, con la casaca del Franjeado.

Si bien a su paso por Olimpia se codeó con los campeones de América del 90, para integrar el equipo, su pico más alto se dio en Atlético Colegiales, desde donde, a más de jugar con suceso, capitanear el equipo y chutar la Copa Libertadores, tuvo la oportunidad de dar el salto al fútbol internacional.

“Cuando fui a Colegiales hice un buen torneo y gracias a eso conseguí irme al Cobresal de Chile; éramos la sombra de Olimpia, ya que cuando eso le ganamos en su cancha y en la nuestra también”, recordó.

“Colegiales era bravo cuando eso, el profesor Juan Zacarías tenía sus virtudes y una de ellas era recurrir a jugadores de buen porte físico para conformar su equipo y bien que le daba resultados”, contó el expelotero, destacando que el principal objetivo del entonces técnico “rojo” era sacar buenos resultados y cobrar los premios, y no precisamente buscar hacer un juego bonito.

Tras jugar dos temporadas en el Cobresal chileno, retornó a 4 Mojones a pedido del propio profe Zacarías, para jugar la Copa Libertadores del 2000. “Lastimosamente jugué muy poco, por culpa de una lesión (pubalgia)”, lamentó.

“Las gracias a mis hermanos”

Silvio, junto a sus hermanos y su madre Silvia Araújo, ya fallecida.

Silvio resaltó la ayuda que le dieron sus hermanos para poder abrirse camino en el fútbol, ya que a los 19 años quedó sin papá (don Chima). Ellos (Antonio, Federico, Rubén, Eduardo y Ramón) me ayudaron mucho; no es fácil venir del interior y desenvolverse en la ciudad”, dijo. Cerro Corá, Nacional, varios equipos y selecciones del interior también albergaron a Acuña, mientras que como DT ya dirigió varios clubes.

Buscó más continuidad y fue a Luque

Antes de llegar a Para Uno, su primer club capitalino fue Guaraní, donde estuvo una temporada. “Llegué a Olimpia en 1990, jugué varios partidos en las categorías menores para luego debutar en Primera, fue con Gustavo Benítez; habíamos subido varios como Ricardo Tavarelli, Mauro Caballero, Juan Ramón Jara, Harles Bourdier y las veces que los mayores jugaban por Copa, nosotros jugábamos el torneo local. Era difícil tener continuidad ahí, pues estaban los monstruos, nosotros éramos jóvenes; por eso decidí pasar a Luqueño, donde formamos un gran equipo, con la vuelta de Romerito en el 93”, rememoró.

El Cobresal de Chile, club de Acuña en los años 1998/99.

“Uno juega como vive”, reflexionó

Tras colgar los botines, vistiendo la casaca de Nacional, estudió y se recibió de director técnico. También es licenciado en Ciencias del Deporte y Nutricionista. Como tal, tiró una opinión sobre la Albirró. “Uno juega como vive, no estamos para desarrollar el fútbol moderno ni vistoso, pues eso requiere de f lexibilidad y agilidad, y las características nuestras no son esas, tenemos que jugar algo que es nuestro. Nuestra alimentación misma inf luye en la parte física y por el clima que tenemos es distinta a los demás países; hay que ser resultadista para poder clasificar al Mundial”, le bajó.

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